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Pese a “invisibilismo social”, este barrio ha logrado asociarse para superar adversidades

La Carpio, una comunidad que avanza en silencio

• Un servicio de bus cada tres minutos prueba que la localidad es una fuente de trabajadores

• Centros religiosos logran que sus habitantes encuentren apoyo para desarrollarse

Luis Alberto Muñoz
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Contrario al estigma social que suele recaer sobre los barrios marginales, y especialmente sobre aquellos que albergan una alta tasa de inmigrantes, la realidad es que algunas de estas comunidades luchan por salir adelante a pesar de su fama.
Este es el caso de La Carpio, barrio capitalino aún sin títulos de propiedad donde habitan alrededor de 40 mil personas de origen campesino, un 80% de ellas nicaragüenses que han venido a trabajar al país, y un 20% de costarricenses especialmente de zona rural.
Lo sorprendente de esta comunidad no es la nacionalidad de sus habitantes, ni mucho menos su surgimiento espontáneo no organizado, más bien lo que llama la atención es la dinámica social que le ha permitido superar diversos obstáculos mediante un sentido de comunidad que suele estar ausente en los sectores más acomodados de la capital.
La Carpio, durante la última década, ha logrado prevalecer y desarrollarse por sí misma, salvo importantes excepciones en que ha participado el Estado, como en el caso de la escuela primaria construida por el Ministerio de Educación, el EBAIS del Seguro Social, la Delegación de la Fuerza Pública y servicios de agua, luz y teléfono que se han ido incorporando gradualmente.
A través de grupos vecinales, con aportes económicos y mano de obra propia, se han construido calles, centros comunitarios, iglesias, mercados y sedes educativas.
Y es que a pesar de ese “invisibilismo social” que ha recaído sobre La Carpio, hoy no se puede negar su aporte al sector productivo. Prueba de ello es que como “una pequeña ciudad” de trabajadores, actualmente existe un servicio de bus cada tres minutos desde esta localidad.
Al analizar a La Carpio, se puede hablar de la existencia de distintas “Carpios”.
Basta con ingresar y recorrer los barrios para empezar a distinguir las diferentes zonas, algunas de ellas peligrosas con problemas de desintegración, drogas y delincuencia, otras más tranquilas que funcionan como un sector unido con deseos de trabajar por mejorar; partes muy desarrolladas con viviendas de buenos acabados y adecuadas servidumbres, mientras otras menos desarrolladas en las cuales ni siquiera hay calles.
Un factor que resalta en La Carpio es sin duda la fuerte presencia de iglesias —tanto católica como cristiana—. Se calcula que hay alrededor de 52 grupos religiosos, la gran mayoría con un propósito verdaderamente altruista.
La razón de proliferación de centros espirituales puede obedecer al hecho de que estas instituciones se han encargado de organizar a la comunidad para el desarrollo de proyectos sociales.
Entre ellos, destaca el Centro San Martín, fundado y administrado desde 2001 por la Parroquia de Santa Catalina de Alejandría, el cual actualmente atiende entre 150 y 200 niños diariamente con preescolar y alimentación; además, ofrece servicio de clínica dental en coordinación con la Universidad Latina, atención pediátrica y una oficina donde se entrega ropa en buen estado a los necesitados.
“Nuestro aporte consiste en ayudar a las familias que viven situaciones económicas difíciles para que tengan lo necesario, asimismo proyectarnos en la educación con valores espirituales a los niños”, comentó la hermana Claudia Betancour García, de la congregación de Inmaculatinas de la Virgen de Lourdes.
“Tenemos reuniones mensuales con los padres donde tratamos de darles formación moral, reportando la evolución de los niños. De esto depende mucho que se pueda evitar situaciones de violencia en la familia”, aseguró Rosaura Venegas Renauld, administradora del Centro.
Cabe destacar que una parte fundamental del aporte proviene de madres voluntarias de La Carpio, que no reciben salario. Este es el caso de Gloria Chaves Cheves, cocinera voluntaria que junto con otras 12 mujeres atiende diferentes tareas durante la semana en San Martín.
Otra ayuda importante ha venido de los grupos cristianos. En la calle principal se encuentra la Clínica Cristiana de La Carpio, donde desde hace 12 años se atiende principalmente a la población que no tiene Seguro Social. Se solicita una contribución de mil colones para cubrir la atención médica y las medicinas, sin embargo de igual forma se recibe a quien no puede pagar.
“Al principio no había agua en la ciudad y esto afectaba la salud, ahora que sí hay, ha habido mejoras… hay muchas cosas positivas en esta comunidad, generalmente solo sale lo negativo”, señaló Susana Grosser, enfermera de la clínica, la cual pertenece al proyecto internacional Cristo para la Ciudad.
Aparte de la salud y la atención de las generaciones futuras, uno de los principales retos está propiamente en la juventud. Actualmente esta población es el objetivo de pandillas, drogas y delincuencia.
Cada día se reportan entre dos y tres delitos con presencia de armas en esta localidad, según datos de Rodrigo Jiménez, jefe de la Delegación de la Fuerza Pública en La Carpio.
Para contrarrestar este flagelo, durante los últimos años se han constituido grupos que intentan ofrecer nuevas alternativas a los jóvenes para alejarse de un camino antisocial.
“Muchas pandillas se han ido disolviendo. Me parece que confluyen diversos elementos, pero uno de los que produjeron el cambio, tal vez no el principal, ha sido la pastoral del deporte. Lo cierto es que en este momento no hay un problema fuerte de pandillas. Quedan problemas aislados de asaltos y drogadictos en sectores como la cuarta parada”, comentó José Ernesto Ibarra Arana, párroco de Santa Catalina, jurisdicción a la cual pertenece La Carpio.
El deporte sin dudas ha sido un elemento que ha logrado captar la atención de jóvenes, y por lo cual se ha convertido en un importante punto de trabajo para las iglesias católica y cristiana.
Un proyecto precursor que se ha venido trabajando desde hace cuatro años ha sido la pastoral del deporte de Santa Catalina, la cual ha logrado reunir nueve equipos de fútbol que compiten en un campeonato organizado por laicos y donde se motiva a los jóvenes a alejarse de drogas y pandillas.
“Este programa ha ayudado muchísimo a los jóvenes, ellos mismos cuentan que cuando les toca jugar un partido no trasnochan… es un avance, pues la mayoría no hace maldades”, comentó Pedro López Castillo, voluntario coordinador de la pastoral.
Una buena parte de los jugadores de este torneo son del barrio Corazón de María, conocido como “La Cueva del Sapo”. Dos de estos equipos se reúnen en un centro cristiano construido por la comunidad, donde se ofrece orientación y apoyo a quienes se acercan. Estos esfuerzos y muchos no mencionados son tan solo algunos ejemplos de una comunidad que mantiene la esperanza de salir adelante y lavar las manchas que han teñido en forma dañina su imagen.










Fuente: archivo, publicaciones y Parroquia de Santa Catalina de Alejandría



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