Leopoldo Barrionuevo

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Sábado 18 Octubre, 2008

ELOGIOS
La bolsa de los simios

Leopoldo Barrionuevo

Recibo —como ustedes— mensajes de correo electrónico que pasan por el filtro de spams, pero algunos valen la pena y uno los desbloquea para que pasen la barrera. Con el drama de Wall Street alguien me hizo llegar un símil con el tema de la Bolsa de Valores que rescato para ustedes porque no tiene desperdicio.
Cuentan que una vez llegó a un pequeño pueblo un señor elegante que se instaló en el único hotel que había y puso un aviso en la única página del periódico local, indicando que estaba dispuesto a comprar cada mono que le trajeran pagando $10 el ejemplar.


Los campesinos, que sabían que el bosque estaba lleno de monos, salieron corriendo a cazarlos. El hombre adquirió cada mono sin chistar como lo había prometido. A poco, los monos eran escasos y resultaba difícil cazarlos, por lo que los campesinos perdieron interés, hasta que el hombre duplicó la oferta y ofreció $20 por mono, lo que hizo que los campesinos retornaran a la caza.
Mermaron los monos nuevamente y el hombre elevó la oferta a $25, lo que acabó pronto con los escasos que quedaban.
Llegado a este punto, el hombre ofreció $50 por cada mono, pero, como tenía negocios que atender en la ciudad, dejó a cargo de su ayudante el negocio de la compra de monos. El ayudante les dijo a los campesinos: Vean la jaula de monos que mi jefe compró para su colección; yo les ofrezco venderles a ustedes los monos por $35, y cuando el jefe regrese de la ciudad, se los venden por $50 cada uno.
Los campesinos reunieron todos sus ahorros y compraron los miles de monos que había en la gran jaula, a la espera del regreso del 'jefe', pero desde ese día, no volvieron a ver ni al ayudante ni al jefe. Lo único que vieron fue la jaula llena de monos que compraron con sus ahorros de toda la vida.
Los que no tenían dinero para la compra de monos de momento no perdieron nada pero de todos modos tendrán que contribuir para el rescate del dinero de los que perdieron.
Los notables del pueblo se reúnen a diario para decidir qué hacen con los monos porque tienen miedo que se les convierta en El Planeta de los simios.
La verdad es que yo tampoco entiendo cómo funciona la Bolsa de valores y le aseguro que no tengo mayor interés en conocer sus mecanismos pero puedo asegurarle que el tema de los monos me quita el sueño porque no me entra en la jupa que la Globalización produzca estos desquicios, y es que un asunto de monos que transcurre lejos de mi casa y sin mi participación, tenga que ver con países lejanos que apenas si tienen uno u otro mono en el zoológico.
En otros tiempos a este rebusque lo denominaban “chorizo” pero en la actualidad —al menos así se lo ve por televisión— los que se encartan con los monos, aparecen al fin de cada jornada, en especial en aquellas en las que más dinero pierden, agitando una campana y aplaudiendo entusiastamente en medio de papeles rotos, en un acto de masoquismo insigne.
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