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Martes, 2 de junio de 2020



COLUMNISTAS


La afectación económica del COVID-19

Ecoanálisis Consultores [email protected] | Lunes 06 abril, 2020


Miguel Ángel Rodríguez

Ecoanálisis


Este jueves 2 de abril Ecoanálisis realizó su Programa de Actualización Económica (PAE) mensual -claro por medios digitales y a distancia- enfocado en el impacto de la pandemia de COVID-19 sobre nuestra economía y en las medidas que al respecto se han tomado y se están o debería estarse considerando.

Es preciso advertir que todo análisis sobre las consecuencia de esta enfermedad está muy condicionado y limitado por nuestra inmensa ignorancia -la ignorancia mundial- sobre la enfermedad y las características precisas de su propagación, sobre la duración necesaria de las medidas de aislamiento social para frenar su incidencia y que no desborde la capacidad del sistema de salud y sobre la disponibilidad de medidas de mitigación de que dispondremos cuando lleguemos al pico mayor de su incidencia. Toda esa ignorancia afecta la calidad de las proyecciones sobre el curso de este coronavirus en nuestro país y en el resto del mundo. Y eso afecta la precisión de las estimaciones sobre la incidencia de la epidemia y las medidas para contenerla en la producción, en el empleo, en el consumo y en los resultados fiscales de los próximos meses, así como la situación que prevalecerá en los años inmediatos siguientes y el tiempo que tomará superar la caída en nuestra economía y en la de nuestros socios comerciales.

Pero en medio de su imprecisión todas las previsiones económicas son negativas.

La presentación en esa sesión del PAE la hizo Luis Mesalles. Contamos con las valiosas participaciones de André Garnier, Ministro de Coordinación con el Sector Privado, y de Álvaro Sáenz, Presidente de UCCAEP, y con la conducción de Edgar Robles.

Desde febrero los mercados bursátiles más importantes del mundo empezaron a indicar una caída en el precio de los valores que en ellos se transa, caída que no solo fue inmensa, sino que además se dio de manera inusualmente rápida. El Dow Jones cayó un 31% entre el 12 de febrero y el 16 de marzo, que fue un lunes negro con una disminución del valor de ese índice de un 13%.

Los datos de la economía real con rapidez han mostrado resultados igualmente dramáticos. En la semana terminada el 28 de marzo en los EEUU 6.648.000 personas presentaron solicitudes de indemnización por desempleo. La semana anterior el numero de solicitudes fue de 3.307.000. Para poner en perspectiva la magnitud de esta contracción se puede precisar que el anterior récord de solicitudes por desempleo en una semana había sido de 695.000 en 1982. Para poder captar la velocidad de esta pérdida de empleos basta con considerar que en dos semanas es similar a lo que se perdió en dos años durante la Gran Recesión hace 12 años.

Las estimaciones de la mayor parte de las entidades que modelan la economía mundial coinciden en que el mundo está en recesión con una disminución del PIB en el primero y el segundo trimestre de este año. Pero aun mayoritariamente prevén una recuperación rápida a partir del tercer trimestre. La caída de la actividad económica dio inicio con una caída abrupta de la oferta debida al quiebre de las cadenas de valor por el cierre de operaciones productivas en China, y se propagó con las medidas de todos los países de aislamiento social para contener la concentración de la epidemia que haría colapsar la capacidad de los sistemas de salud, como dolorosamente ya ha ocurrido en algunos países y regiones. La rápida recuperación de la producción no se daría y más bien se sufriría una recuperación lenta del PIB si la crisis de oferta se llega a convertir en una crisis financiera. El resultado anual para el mundo -en el caso esperado de una recuperación fuerte a partir del tercer trimestre- sería una disminución pequeña del PIB sin contar a China, y el crecimiento sería prácticamente cero si se toma en cuenta a ese país. J.P.Morgan estima que EEUU, la Zona Euro, y el conjunto de los países desarrollados disminuirán su PIB en 2020.

En nuestro país los sectores más afectados directamente por el COVID-19 y sobre todo por las medidas necesarias para su contención han sido el turismo, otros servicios como gastronómicos y de entretenimiento, y el comercio con algunas excepciones. La fuerte contracción de la producción y las exportaciones de bienes perecederos principalmente y de servicios, y el aumento del desempleo que se produce por los eventos que viven esos sectores se dan en una economía con un bajo crecimiento, que además desde 2015 viene disminuyendo y que ha experimentado en los últimos años aumento del desempleo y la informalidad llegando a niveles históricamente muy altos.

La situación fiscal es nuestra principal limitante a las medidas para enfrentar la enfermedad y para reactivar la economía una vez superada la emergencia sanitaria. Bien sabemos que el resultado de la hacienda pública el año pasado fue peor de lo esperado con un déficit financiero de 7% del PIB. Para este año se estimaba que ese faltante fuese de un 5,95%. Ahora con una caída de ingresos (¿un 1,5% del PIB?) y un aumento de gastos (más de 2% del PIB si no se reducen otras erogaciones) ese déficit andaría coleando el 9% del PIB (en la gran crisis del modelo de sustitución de importaciones llegó al 9,8% en 1980)

Gracias al buen manejo del BCCR con un tipo de cambio flexible y control de la inflación esta vez la crisis nos encuentra con altas reservas, y el tipo de cambio se ha mantenido estable, en forma contraria a lo que ha ocurrido en la mayoría de los países de América Latino en los que la huida de los capitales financieros hacia inversiones más seguras ha detonado importantes devaluaciones.

Pero sí hemos sufrido de manera similar a la mayor parte de las economías emergentes una importante caída del precio de los bonos de nuestra deuda externa, lo que dificulta y encarece el financiamiento de nuestro desbalance fiscal este año y los inmediatos siguientes.

La mayor compensación económica que se ha producido es la reducción en los precios internacionales del petróleo que podría compensar buena parte de la perdida de ingresos por el cierre al turismo.

Todas las previsiones obligan a ser muy cuidadosos, a observar estrictamente la jerarquización de nuestras responsabilidades en contener la epidemia y defender la salud y la vida de las personas, en asegurar la satisfacción de las necesidades básicas de las familias más necesitadas, y en adoptar las medidas económicas y fiscales que en vez de profundizar la crisis del futuro y dificultar la recuperación, más bien faciliten el retorno a condiciones más normales.


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