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Miércoles 4 Enero, 2012

Juventudes y poder

En medio de los templos, calles y plazoletas es común toparse a la dominadora frase, proclamada con dolor e indignación: “Los hijos ya no respetan a los padres”, convertida en el estandarte del adultocentrismo.
Son frecuentes otros gritos de guerra que buscan resucitar antiguos dioses: “A los jóvenes no les importa nada” o la “Vuelta a los valores”, este último proclamado por mal llamados representantes del sector juventud, que con barato maquillaje intentan conservar lógicas del poder o, siguiendo a Foucault, relaciones de dominación.
El discurso del respeto a los adultos en realidad es sumisión. Se encuentra en una íntima complicidad con el mito del respeto en la familia.
Los que proclaman este tipo de falacias entienden el “respeto” bajo la estructura de las relaciones verticales, por sobremanera excluyentes. No puede existir respeto en la verticalidad de la dominación, todo se busca con el fin de ostentar, y cuando no se puede, la violencia surge como panacea.

Es una irrefutable evidencia de lo cómoda que es la zona confort del poder.
No es sino la familia donde se vive la primera experiencia con las relaciones de dominación. En medio de psicología de la acción política de nuestro Martín Baró, veo claramente que estos gritos buscan que las diferentes juventudes tengan una condición ataráxica de personalidad, la cual les brinda poder a manos llenas. Bajar la mirada y no contestar, son manifestaciones de esa lógica internalizada, las actitudes y conducta como territorio de dominación.
La “rebeldía” de la cual se nos acusa debería ser una condición privilegiada, su naturaleza es la posibilidad de elegir y en esa tención con lo actual histórico, la construcción de paradigmas no violentos.
Entiendo el respeto solo como consecuencia de las relaciones horizontales, que buscan el desarrollo, así en el caso concreto, la familia la entiendo en movimiento de sus diferentes agentes, cada uno aportando y recibiendo. Creyendo en el cuestionamiento, no una lógica familiar impuesta desde quien se hace con el poder.
El reto de las juventudes, del cual no se habla en Primeros Encuentros “Nacionales” de Juventud, no es si no llevar nuevas lógicas de relacionarse a todos los ámbitos de la sociedad, es hacer una ruptura con el poder y definir el presente con relaciones de cooperación, pluralismo y libertad.

Cristopher Montero
Antropólogo social y sociólogo