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Juventud: S.O.S.

Arnoldo Mora mora_arnoldo@hotmail.com | Viernes 28 febrero, 2014


Hay que llegar a los hogares de los integrantes de esas barras bravas. Hay que indagar quiénes son sus padres, de qué sectores sociales provienen, si estudian o trabajan


Juventud: S.O.S.

En estos días los medios se han mostrado indignados por los recientes hechos de violencia perpetrados por jóvenes que conforman barras de aficionados al futbol.
No es la primera vez que hechos tan bochornosos se producen en nuestro país; tampoco es raro que se den en otros países.
Los daños morales que causan son tan graves como los materiales. Para enfrentarlos debemos comenzar por lograr que ese S.O.S lanzado en su momento produzca resultados permanentes. Para lograrlo hay que ir al fondo del problema, evitando el sensacionalismo y el amarillismo.
Comencemos por recordar que la violencia no es una causa sino un efecto. En este caso, el problema es tan grave que debe ser visto como una patología que afecta al organismo social en su integridad; y si algo afecta a la buena marcha de la sociedad, debe ser objeto de atención de todos sus estamentos, especialmente de quienes están investidos de autoridad.
A las instituciones competentes, sean del Estado central como de los gobiernos locales, corresponde ocuparse como prioridad de esta grave patología que emponzoña al organismo social en su conjunto.
Pero esa responsabilidad es compartida. No es solo de quienes deben hacer cumplir la ley; también lo es de los padres de familia y de los poderes fácticos de la sociedad civil y de las iglesias.
Especial responsabilidad tienen los medios televisivos que difunden programas cargados de violencia. Todos debemos sentirnos concernidos por estos hechos que revelan una profunda crisis de valores. Por eso también las instituciones dedicadas a la educación de los jóvenes deben tomar cartas en el asunto. Deben establecerse políticas específicas para los jóvenes.
Existe un Viceministerio de la Juventud. Sería de desear que haga propuestas específicas, aunque en este gobierno fue centro de escándalos que trascendieron nuestras fronteras. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que el mencionado Viceministerio se ocupa de jóvenes “normales”, no de aquellos que han delinquido o están en “riesgo social”.
Por mi experiencia personal, dado que fui Ministro de Cultura, Juventud y Deportes, sentí la necesidad de coordinar, en forma más estructurada, todas las instituciones que se ocupan de estos asuntos.
Incluso he llegado a pensar si no sería conveniente unificar organismos tales como el PANI, el Viceministerio de Juventud, el Ministerio de la Mujer en uno solo llamado Ministerio de la Familia que coordine sus políticas con el Ministerio de Deportes, el de Salud y el de Educación, con la CCSS, el IMAS y el INA.
Hay que llegar a los hogares de los integrantes de esas barras bravas. Hay que indagar quiénes son sus padres, de qué sectores sociales provienen, si estudian o trabajan, o pertenecen a eso que llaman ni-ni (ni trabajan ni estudian).
No basta con reprimir, si bien es necesario aplicar la ley a quienes delinquen. Hay que ir más allá. Los jóvenes son la esperanza de la Patria. Son nuestro futuro hecho presente. Todo esfuerzo por orientarles, a fin de que descubran un sentido en la vida que les permita realizarse como personas y ser útiles a la sociedad, debe ser bienvenido. Lo único que no podemos permitirnos es ser indiferentes.


Arnoldo Mora

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