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¿Qué soluciona la emisión de bonos externos?



Desde hace algún tiempo se viene afirmando que existe algún grado de flexibilidad para enfrentar el actual déficit fiscal. Sin embargo, cuando se ven algunas cifras esa flexibilidad no es tan cierta, esto por varias razones.
Primero, la crisis afectó mucho los ingresos del Gobierno central dada la reducción de la actividad económica que esta provocó, así como los gastos por las políticas expansivas que se implementaron. Eso significó desde 2009 un distanciamiento muy importante entre lo que el gobierno recibe y lo que gasta; por ejemplo, en 2010 la diferencia entre la carga tributaria y el gasto público al PIB fue de 6,65 puntos porcentuales, para ubicarse en 2011 en cuatro puntos.
Segundo, el resultado primario, a saber, la diferencia entre ingresos y gastos sin incluir el pago de intereses de la deuda, pasó de ser positivo a un -5,2% del PIB en 2010 y un 4,1% del PIB en 2011.
Tercero, quizás la variable de las finanzas públicas que ha tenido un cambio más relevante es la deuda interna del Gobierno central. Luego de caer su relación con el PIB de un 28,64% en 2002 a un 17,55% en 2008, a partir de ahí creció hasta ubicarse en casi un 26% en 2011. Lo anterior significa que entre noviembre de 2008, nivel más bajo del saldo de la deuda, y abril de 2012, la deuda en términos reales creció un 53,54%.


Lo anterior tiene tres implicaciones:

a. Si la deuda sigue creciendo tendrá efectos sobre el mercado financiero estrujando al sector privado y eventualmente presionando las tasas de interés. Esto tendría efectos directos en el crecimiento.
b. Si el resultado primario continúa elevándose o al menos sigue siendo negativo, eso significa que se emite deuda para pagar intereses, lo cual puede llevar a que la deuda crezca automáticamente.
c. El crecimiento de la deuda puede llegar entonces con el tiempo a ser insostenible y/o impagable.

Una de las propuestas que han surgido con gran fuerza, luego de que no se aprobó el Plan Fiscal, es emitir deuda externa. Esto implica varios aspectos.
Por un lado, la venta de los bonos no se podrá implementar el presente año. El proceso de aprobación en la Asamblea Legislativa y su posterior publicación puede llevarse fácilmente tres meses. A esto debe agregarse el proceso de contratación de la casa de bolsa y la entidad de custodia, lo cual puede demorar otros dos meses. De ese modo es más realista pensar que se podría estar saliendo a vender los bonos a inicios del próximo año.
Ahora bien, una vez que se tenga listo el proceso anterior, se debe analizar la situación mundial del momento, pues si esta es muy negativa la recomendación podría ser esperar un tiempo para salir a vender los bonos, lo cual alargaría el cambio de deuda interna por externa, y también podría hacer que no sea tan ventajosa la tasa de interés.
Finalmente, la venta de bonos en el extranjero no soluciona ninguno de los aspectos que aquí se señalan. Simplemente lo que podría permitir es reducir la presión sobre las tasas de interés locales, si la situación internacional no empeora podría reducir el costo de la deuda, y si se colocan bonos a plazos interesantemente largos, pospone la cancelación de la deuda.
Sin embargo, deuda es siempre deuda sin importar la moneda, el plazo al que se capten los recursos y la plaza financiera donde se realice, pues tarde o temprano hay que pagarla y únicamente lo que permite es posponer una de dos opciones: una reforma de las finanzas públicas o una crisis fiscal.

Economista
Investigador del Programa de Estudios Fiscales, UNA
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