Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 25 Mayo, 2015

“Cocorí” solo puede ser leído en el ámbito académico si se analiza y se enmarca en un contexto histórico

Julia y Cocorí

Yo nací con las muñecas Barbies. A mis cinco años, mi tío afectivo Héctor Méndez-Puig, que vivía en Estados Unidos, me regaló la primera, la original y un par de atuendos completos. Aún recuerdo la fascinación que me causó esa muñeca tan diferente a todas.
De adulta reconocí como podía afectar a las niñas una imagen tan distorsionada de las mujeres reales; pero de niña las Barbies eran mis favoritas y podía pasar horas jugando con ellas. Creo que todavía quedan algunas en la casa de mi mamá.


Tuve la Barbie Twiggy, la famosa modelo inglesa ultraflaca y de pelo cortísimo, y también la Barbie Julia, de impecable traje blanco.
“Julia” era una comedia de situaciones que salió al aire en 1968 y se mantuvo por cuatro temporadas. La protagonista era una mujer afroamericana, enfermera profesional, viuda de un piloto que muere en la guerra de Vietnam y a cargo de un hijo pequeño.
Pocos habían sido hasta entonces los programas protagonizados por mujeres y los actores negros solían interpretar personajes estereotipados y secundarios.
La actriz y cantante negra Hattie McDaniel, por ejemplo, fue encasillada en papeles de criada y, por su papel de Mammy en “Lo que el viento se llevó”, ganó en 1939 el Óscar por mejor actriz de reparto, el primero a un intérprete afroamericano.
Julia, en cambio, era una atractiva enfermera interpretada por la espectacular Diahann Carroll, aún activa en la serie “White collar” (Cuello blanco).
Y es que ya entonces eran muchas las mujeres afrodescendiente de Estados Unidos que se dedicaban a la enfermería. La primera fue Maria Eliza Mahoney. En 1879 se graduó en el Hospital de Nueva Inglaterra para la Mujer y el Niño. Inició sus labores en ese nosocomio a los 18 años en tareas de limpieza y cocina hasta que logró estudiar, tres lustros después. Fue, además, una importante activista de los derechos civiles de la mujer.
A mis diez años, cuando jugaba con mi Barbie Julia en Bogotá, no conocía el racismo y el color de mi muñeca me era indiferente. Tal vez había visto “La cabaña del tío Tom” y estaría segura que el sufrimiento de los negros era cosa del pasado.
En estas semanas en nuestro país se ha desatado una enorme polémica sobre “Cocorí”. El análisis más interesante que leí sobre el libro, Joaquín Gutiérrez y la historia de Limón es la del escritor Quince Duncan. La pueden encontrar en su página de Facebook.
Reflexioné al respecto y estas son mis conclusiones:
1-El libro tiene muchos elementos racistas aunque es seguro que no fue la intención del autor;
2-“Cocorí” solo puede ser leído en el ámbito académico si se analiza y se enmarca en un contexto histórico. No sirve entonces para niños de primaria y sería aburrido para los mayores;
3-El libro no va a ser censurado, solo se eliminaría como texto de lectura obligatoria en las escuelas;
4-Si la comunidad afrodescendiente de Costa Rica se siente afectada por ese libro, es obligación de toda la sociedad aceptar su solicitud.
Porque en una democracia, todos, incluyendo las minorías, tenemos deberes y derechos.

Claudia Barrionuevo
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