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Colegiales diseñan inventos que les permiten crecer en su profesión y beneficiar a la sociedad
Jóvenes innovadores apuntan al éxito

• Instituciones buscan fomentar creatividad y potencial en los alumnos con ferias científicas

Pablo Mora
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Algunos jóvenes científicos buscan la forma de colaborar con la sociedad por medio de sus creaciones, las cuales les abren las puertas para un futuro prometedor al tiempo que solucionan problemas del diario vivir de muchas personas.
Esto es lo que sucede con los estudiantes de los colegios Científico de San Carlos y Técnico Don Bosco, de Alajuelita, que con sus cursos extras desarrollan inventos “humanísticos”, con los que además ganaron importantes ferias científicas.
En el caso del Técnico Don Bosco, los jóvenes tienen cuatro pasos básicos: ubicación de una necesidad por solventar, investigación del invento que desean crear, realización de un plan de factibilidad para saber si su obra es ejecutable, y la confección de un estudio de impacto que define cuáles serían las personas beneficiadas y sus alcances en el futuro.
Debido al éxito de este proceso, desde el año pasado existe un gran interés de la institución para convertir a sus alumnos en empresarios, comentó Cristian Jiménez, encargado de enlaces con las compañías del Colegio Técnico Don Bosco.
Pero quizá lo más importante de todo este proceso sea su valor humanístico: “la tecnología es fría, no lleva a nada si no se enfoca para el bien de otros”, expresó Jiménez.
El secreto es esfuerzo y dedicación. Jiménez cree que la clave del éxito joven consiste en que los muchachos se convenzan en creer en sí mismos y en sus ideas para llegar muy alto.
Lo anterior es posible. Ya lo demostraron Pedro Sanabria y Natalia Rodríguez, dos ex alumnos de esta institución que ganaron la semana pasada el premio United Technologies Corporation, en una feria científica internacional realizada en Atlanta, Estados Unidos.
Su invento consiste en un bastón para personas con deficiencias visuales que tiene dos sensores de ultrasonido: uno en la parte baja, que vibra si existen obstáculos en el suelo, y el otro se encuentra más arriba para ayudar al invidente a esquivar objetos que se encuentran para arriba de la cintura.
Otros que demostraron su capacidad en este mismo evento fueron los estudiantes Carlos Delgado, Alberto Paniagua y Max Rodríguez, del Colegio Científico de San Carlos. Ellos presentaron un proyecto que concursó en la categoría de Ingeniería de Materiales y Bioingeniería.
Estos jóvenes presentaron una fórmula matemática y un sistema informático que permite medir el volumen de los cayos (formaciones celulares que se producen en la industria de plantas in Vitro), pero sin dañarlos en el proceso.
Con este trabajo, los tres muchachos fueron invitados a Atlanta. Ahí consiguieron la oportunidad de asistir a otra feria científica que se celebrará en Brasil, en noviembre de este año.
La idea de este trío de científicos colegiales es mejorar el aparato para que con solo tomar una fotografía al cayo, el sistema mida por sí solo esa estructura celular, tomando las proporciones de forma automática.
Si el invento tiene éxito, los estudiantes venderán el aparato en laboratorios de bioproducción, genética y otros sitios donde se trabaje en el mejoramiento de semillas y plantas para la agricultura.


El joven que sobrepasó sus propios límites

La vida le hizo esperar poco para que enfrentara
obstáculos a Pedro Sanabria, co-ganador del premio United Technologies Corporation, en Atlanta.
El primer muro tuvo que saltarlo antes de nacer. Le detectaron sufrimiento fetal, una enfermedad que le provocó falta de oxígeno en el cerebro y que dejó como secuela dificultades para caminar y hablar, problemas que resolvería con el tiempo.
A los tres años mostró sus aptitudes para la ciencia. Fue cuando su madre, Gioconda Montero, lo descubrió “jugando” con una candela y un par de alambres.
“Le encantaban los documentales sobre naturaleza, solo eso veía de la televisión. Y cuando terminaban los programas me contaba de qué trataban y se enojaba si lo ignoraba”, narró doña Gioconda.
Su abuelo, Francisco Montero, lo inspiró. Cuando Pedro cumplió seis años se dañó su tren de juguete, y fue don Francisco quien le enseñó a usar el cautín para soldar el motor de ese aparato.
Ya en el primer grado, una maestra aconsejó a doña Gioconda llevarse a su hijo a la casa, debido a sus problemas de déficit atencional. Ni la madre ni el hijo le hicieron caso y el tiempo se encargó de darles la razón.
“Yo no soy de las personas que se rinden y dicen 'ah mae, qué pereza, me va a ir mal en esta materia, mejor no sigo'. A mí siempre me ha gustado vencer esos retos”, aseveró el joven científico, quien debió repetir el primer grado por las circunstancias mencionadas.
Incluso, pese a que tenía miedo de realizar presentaciones por temor a que sus compañeros se burlaran de sus problemas al hablar, perseveró y pronto se convirtió en un buen expositor. Hoy él se ofrece a hablar en público si es necesario.
Cuando vino la secundaria, la autoestima de Pedro mejoró bastante, al igual que su talento científico. Ya en el Colegio Técnico Don Bosco de Alajuelita, elaboró su primer proyecto tecnológico, que consistía en una banda industrial que transportaba objetos.
“La banda se nos quemó. Los componentes electrónicos se fundieron porque les exigimos demasiado con el peso que debían cargar”, detalló entre risas.
Un año después, Pedro y su compañera Natalia Rodríguez volvieron a la feria para superar su fracaso. Y lo lograron con creces. Diseñaron el bastón blanco que vibra si existen objetos a tres pasos de distancia.
El aparato les abrió las puertas en las ferias científicas. Ganaron el certamen nacional en la categoría de Innovación Tecnológica y Científica Franklin Chang, lo cual les permitió ir a Atlanta y conseguir el galardón United Technologies Corporation.
“Esperábamos ganar algo, pero sabíamos que sería duro porque eran 1.300 competidores de todo el mundo con más de 300 proyectos”, explicó Pedro.
El camino y los retos continúan para este muchacho. Ahora intentará participar en otra feria científica internacional en Dinamarca y será el tutor en Brasil del proyecto hecho por los estudiantes del Colegio Científico de San Carlos.
El reto será encontrar una empresa interesada en patrocinar el mejoramiento y la producción de este bastón. Por otra parte, Pedro buscará una beca de la Fundación Carolina para estudiar en alguna universidad española y cosechar más éxitos.
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