Claudio Alpízar

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Jueves 14 Abril, 2016

Don José Joaquín fue un gran gobernante porque antes aprendió a gobernarse a sí mismo

José Joaquín Trejos Fernández, centenario y vigencia         

Revisar la vida del Presidente de la República en el cuatrienio 1966-1970, José Joaquín Trejos Fernández, es toda una lección de esfuerzo, acción y compromiso. Su decisión de formarse como profesional en la adversidad, pasando por una sólida vida en familia y el ejercicio digno de la Presidencia, definieron una línea sólida y permanente en su comportamiento: esfuerzo propio y consecuencia entre su discurso y su accionar público.

El próximo lunes 18 de abril el Benemérito de la Patria estaría cumpliendo 100 años de su natalicio; partió de este mundo terrenal el 10 de febrero de 2010, a los 93 años. Pero el homenaje más grande que se le puede brindar en la actualidad es revisar su forma de “caminar” por las arenas políticas y traerlo al presente. Hoy estilo vigente y urgente.

Don José Joaquín fue el vivo ejemplo de que la honorabilidad y la política no son temas excluyentes, sino consustanciales. Cuando en campaña electoral le definían como el hombre de las “manos limpias”, rechazaba ese eslogan; creía que eso no era ningún mérito en una persona y menos en un político, sino una obligación. Personalmente encuentro en su “caminar” cinco pilares determinantes para retomar la credibilidad ciudadana en la política.

Primero, esfuerzo de superación ante la adversidad. Lo vivió en carne propia junto con su familia y fue base para que como gobernante creyera y promoviera el desarrollo comunal; el cual consideraba determinante, porque nadie mejor que cada comunidad conoce sus necesidades. También por la importancia de involucrar en las soluciones a los beneficiados del apoyo estatal y las políticas públicas.

Segundo, un presupuesto equilibrado que no deteriora las finanzas públicas. El presidente Trejos defendió invertir de conformidad con los ingresos del país priorizando los intereses nacionales. Su frase sobre la parsimonia en el gasto público se hizo famosa, la cual no impidió el desarrollo de infraestructura e inversión social, al punto de lograr un ejemplar crecimiento del 8%, el más alto en su momento en América Latina, además de alcanzar altos índices de empleo.

Tercero, capacidad de negociación. Gobernó con una representación legislativa inferior a la que tuvo la oposición, lo que no fue impedimento para buscar la negociación, priorizando el interés nacional sobre el partidista. Una lección para los políticos actuales que achacan con frecuencia su impotencia a la baja representación de su partido en la Asamblea Legislativa.

Cuarto, trabajo en equipo. Tanto durante su gestión como después de ella se negó a hablar de “mi gobierno”, siempre antepuso “nuestra administración” o “nuestro gobierno”, afirmaba que ninguna persona sola puede sacar adelante una tarea tan dura como es gobernar. Amenazó con renunciar al enterarse que parte de la negociación entre Calderón Guardia y Ulate Blanco para designarle como candidato, se sustentaba en que ellos se dividirían la asignación de los ministerios. Reclamó el derecho a escoger su equipo y a ejercer su liderazgo.

Quinto, fue fiel creyente y defensor de la democracia abierta, pluralista, enfocada en el bien común y la dignidad humana. En su gobierno promovió la defensa y el respeto de los derechos humanos como base determinante del quehacer de quien gobierna y dirige una nación.

Don José Joaquín fue un gran gobernante porque antes aprendió a gobernarse a sí mismo.

Claudio Alpízar Otoya

Politólogo