Enviar
Jaque a la mezquindad
Barcelona, con dos chispazos de Messi, deja tendido a un Madrid que renunció a su fútbol

La habilidad de Lionel Messi, la expulsión de Pepe, la mezquindad de Mourinho y el ingreso de Afellay fueron las jugadas clave de un ajedrez mediante el cual se definió ayer el clásico Real Madrid-Barcelona, a favor de los catalanes por 2-0, en el juego de ida de las semifinales de la Liga de Campeones.
Barcelona fue justo ganador por su intención siempre de acercarse al fútbol, por ser consecuente con sus principios, pero eso sí, sin caer en la trampa del portugués José Mourinho, técnico del Real Madrid, quien pretendía que los catalanes fueran encima de ellos y le abrieran los espacios a Ronaldo. Obvio el portugués, que terminó en las gradas expulsado, que tenía un equipo capaz, con las reservas del caso, de ir a pelearle el partido al Barcelona, sin necesidad de esconder su fútbol.
El resultado de lo anterior fue un primer tiempo para olvidar; el Barça cauteloso, Messi amarrado, Ronaldo solitario y Casillas excelente, cuando al 24’, Messi y Xavi rompieron el cerrojo y este último remató, pero el guardameta madridista salvó la acción. Anterior a eso, Villa había rematado cerca del paral derecho de Iker.
El Madrid no levantó su cabeza hasta el 45', Ronaldo suelta el gatillo y Valdés rechazó y Özil contrarremató por fuera y de por sí, en posición prohibida.
En la complementaria Mourinho solo varió en meter a Adebayor en lugar de Özil y presionar la salida del Barça, buscando sorprender. Empero, tampoco ese era el camino de un técnico que pretendiese ganar en su casa, aunque el portugués, en su mente, pareció siempre apostar al 0-0.
Pese a que Barcelona proponía, el partido era una incógnita, el fantasma de aquella dosis de catenaccio, que recibió el Barça ante el Inter, en la Champions el año pasado, estaba presente en el juego.
Al 61’ todo empezó a cambiar. Un planchetazo de Pepe contra Alves provocó su partida a las regaderas; Guardiola envió al holandés Afellay, quien se adueña de la banda derecha.
Más que nunca el Real se acuerpó en su sistema defensivo, aunque los madridistas esperaban ver surgir a Kaká como remplazo, para que él o Ronaldo o los dos juntos, hicieran la magia y rescataran el partido que tornaba azulgrana, pero no, a Mourinho solo le interesaba una cosa: no perder.
Y llegó la justicia, al 76’, primero vía Xavi, Afellay que desbordó y centró y Messi que entró como bólido y concretó, y producto de esa anotación, que abrió los espacios, al 87’, la pulga se inventó un trazado desde los tres cuartos de cancha y llegó a las barbas de Casillas, para vencerlo.
Ahora al Real Madrid solo le queda un camino, ir a jugar fútbol al Camp Nou, en donde los azulgranas ya preparan la fiesta.

Luis Rojas
[email protected]
Ver comentarios