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Jueves 3 Febrero, 2011



El respeto a los ciudadanos es una obligación de los gobernantes so peligro de ser puestos en orden por métodos nada ortodoxos

Japdeva sin agenda

No hay explicación racional para entender lo que está sucediendo en Limón, entre el problema portuario, la delincuencia común, el crimen organizado y la incompetencia administrativa del ente encargado del desarrollo de la Vertiente Atlántica de Costa Rica y los medios de comunicación que no dejan de desprestigiar a la ciudad y a la provincia como zonas inseguras, de mal vivir e inadecuadas para cualesquiera desarrollos.
La única explicación es que se trate de una acción especulativa que quiera comprar a corto plazo valiosísimos terrenos cercanos a la ciudad de Limón, que tendrán gran valor cuando las obras de infraestructura se hagan y entren en servicio; esta acción es acorde con la política del miedo y la especulación inmobiliaria, que responde a una forma de adquirir propiedades a bajo precio.
Lo anterior explica también que, estando de acuerdo los interesados en el Puerto de Limón de realizar la concesión de la Terminal de Contenedores de Moín y la modernización del Puerto de Limón-Moín, en octubre de 2006, no se haya hecho casi nada hasta el momento, en dirección a la ejecución de las obras.
Pareciera una operación misteriosa, de conspiración, de abuso de poder, porque lo único que se ha hecho hasta la fecha, con gran eficacia, es mercadear, publicitar y vender la idea de que las personas del sindicato de Japdeva, que opera el Puerto Limón, no dejan que el Gobierno mejore las operaciones portuarias.
Fabricando una crisis propia de la lucha de clases del marxismo tradicional, el Gobierno de la República ha organizado toda una estructura para no decir la verdad sobre lo que ocurre y para hacer creer que la solución única es entregar la operación del Puerto a un monopolio, cuya experiencia ya Costa Rica vivió antes de 1970 y que es del más ingrato recuerdo.
Cuesta creer que en el siglo XXI Costa Rica, que nunca tuvo lucha de clases, lo haga ahora con las consecuencias propias de esta manera de actuar.
Con solo nombrar personas con conocimiento, con vocación, con valentía suficiente en la junta directiva de Japdeva, el problema está resuelto en un altísimo porcentaje y el resto faltante se logra si las personas en el Ministerio de Obras Públicas y Transportes, encargadas del tema portuario, adquieren conciencia de su importancia a nivel nacional.
La falta de diálogo, la imposición de soluciones desacertadas e inconvenientes para el desarrollo de Costa Rica, los errores de concepto al igualar las soluciones de Puerto Caldera con el Puerto de Limón, revelan el profundo desconocimiento y desinterés por llegar a soluciones viables, inteligentes y llenas de sentido común.
Ofender, enojar, insultar a la población de Limón, solo tendrá como resultado acciones nefastas, que si por desgracia se llegan a suceder, lamentaremos profundamente el haber impulsado dichas prácticas.
El respeto a los ciudadanos es una obligación de los gobernantes so peligro de ser puestos en orden por métodos nada ortodoxos.
“Quien siembra vientos cosecha tempestades”, reza el refrán popular.
Los empresarios nacionales estamos en manos de personas que nos pueden crear una enorme conflagración, si no exigimos, valga la redundancia, ser exigentes con los funcionarios encargados de las soluciones que la infraestructura requiere y que demanda con toda rapidez, el desarrollo nacional.

Juan Francisco Montealegre Martín
Ingeniero