Humberto Pacheco

Humberto Pacheco

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Martes 12 Febrero, 2013

Me recuerda (su artículo) las dudas que me produjo en los años 70 la decisión de transferirle a la Caja el gobierno de los hospitales públicos, que no dependían entonces de ella


TROTANDO MUNDOS

Interesante Opinión

Una carta de don Don Carlos E Olivera Lahore nos hizo reflexionar sobre hechos relativos a la seguridad social que representaron cambios que algunos habíamos olvidado y los mismos defensores de la Caja nunca conocieron o prefieren olvidar. Para participarles esa información, con el debido permiso del autor hemos decidido publicar su carta textualmente:
“Su artículo de hoy martes en La República, en la parte en que habla del seguro social y cita el debate a su respecto en España, sobre privatizar o no esos servicios, me recuerda las dudas, o más bien la desconfianza, que me produjo allá por los años 70 la decisión de transferirle a la Caja, que entonces era estrictamente de ‘Servicio Social’ - seguros de enfermedad, vejez y muerte - el gobierno de todos los hospitales públicos, que no dependían entonces de ella.  Para mí era como mezclar el agua con el aceite: una institución netamente financiera, a cargo de una serie de seguros, a la que se encomendaba el gobierno de instituciones y de todo un sistema de salud. Sin ser especialista en el tema (yo soy del ámbito de la educación), me parecía que los dos tipos de actividades eran difícilmente compatibles: la nueva y gigantesca Caja forzosamente atendería preferentemente a una u otra, a los seguros o a la salud, pero difícilmente podría manejar correctamente las dos al mismo tiempo, pues requerían capacidades muy diferentes  y con  intereses fácilmente opuestos; era casi inevitable que privilegiara a una con desmedro de la otra. Y me parece claro que así ha sucedido, según la especialidad de quien esté al frente: casi siempre médicos, que de administración financiera no saben nada.
No sé si usted opina lo mismo. Pero me gustaría que con su capacidad en estos temas abordara esta cuestión, que tiene que ver con la posible privatización de la atención de la salud - que de todas maneras de hecho está en gran parte en manos privadas, en tanto que los seguros "sociales" propiamente dichos son casi necesariamente estatales.
Le dejo esta inquietud. ¿O usted ya la tenía?”
Respondimos que era poco lo que podíamos agregar a su enfoque, claro y conciso, de lo dispar de una y otra actividad. De hecho, en algunos países europeos le está vedado a la misma empresa desarrollar ambas actividades.
Cabe complementar lo anterior manifestando que en un estado ideal los servicios hospitalarios y médicos los brindaría, bajo reglas draconianas, el sector privado, mientras que las cuotas las recaudaría el estado, pagando los servicios bajo tarifas actuariales preestablecidas, y dándole al actualmente crucificado usuario el derecho de elegir entre varias instituciones.
Cero inversión estatal en infraestructura y medicinas; y una planilla reducidísima para administrar cobros y pagos, limitando las gollerías a muy pocos burócratas y cerrándole la puerta al empleo político.
Los seguros de pensiones, maternidad y muerte irían al INS o a un ente privado, a elección del interesado, que al fin no es un tarado- aunque así lo crean los políticos- y puede escoger.

Lic. Humberto Pacheco A., M.C.L.
Gracias don Carlos.
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