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Domingo, 16 de diciembre de 2018



COLUMNISTAS


Inseguridad

Luis Alejandro Álvarez [email protected] | Jueves 06 diciembre, 2018


El tema de la inseguridad nos atañe a todos, y no hay persona, ciudadano, habitante o visitante, que no llegue a ser afectado, directa o indirectamente por sus consecuencias.

Costa Rica ha tenido fama de ser una país pacífico y seguro; de gente feliz.

Hemos tenido la libertad de viajar dentro del país prácticamente a cualquier destino, sin temer encontrarnos grupos subversivos, o de criminales, que atenten contra nuestra integridad física.

Esto nos ha posicionado como una meca del turismo, aunado a la diversidad biológica y las bellezas naturales con que contamos.

El ingreso de turistas ha ido creciendo constantemente, y esa industria, sin chimeneas, genera fuentes de trabajo, atrae divisas, e impulsa la economía.

A pesar de ello, quienes vivimos en las zonas urbanas nos acostumbramos desde ya hace rato a vivir entre rejas, a pesar de ser libres de circular por donde se nos antoje.

En el denominado país más feliz del mundo, las cifras no nos ayudan.

Durante el último cuatrienio, los números de la seguridad no fueron los más halagüeños, y quedaron atrás los esfuerzos de la Administración Chinchilla Miranda, que lograron reducir las cifras, y nos dio un respiro.

El año anterior cerramos con 603 homicidios, para la alarmante cifra de 12,1 homicidios por cada 100 mil habitantes.

El primer trimestre de 2018 nos arrojó un resultado de 146 homicidios, superando en siete el mismo periodo del año anterior.

En  setiembre 2017, hubo 52 homicidios, mientras que setiembre 2018 no dio un total de 19, un reducción considerable nos dicen las frías cifras.

Pareciera que los “megaoperativos”, que se han estado dando por parte de la Administración Alvarado Quesada, tendrán un impacto positivo y que a mediano plazo sentiremos una mejora.

La afectación que tienen los familiares de las víctimas, daño que en cifras no es tan viable estimar, queda en una incógnita.

Hay otro tipo de crimen que también afecta a un amplio espectro de la sociedad, como son los hurtos y robos de bienes personales, incluyendo los teléfonos móviles.

Los tres primeros trimestres de 2017, la Superintendencia de Telecomunicaciones (Sutel) registró 55 mil aparatos robados. Un promedio mensual de 6.500 teléfonos.

Este otro tipo de robo y hurto es el más frecuente, y aunque el costo social es menor, no por ello deja de ser importante.

Lo preocupante es que ya hemos llegado a un estado en que lo vemos con normalidad.

No es atendible que cuando alguna persona conocida, amigo, o familiar, es víctima de un robo, ya lo veamos como algo normal.

La reacción ya no es tanto de indignación, sino de resignación.

Los comentarios ya tienen la connotación de estar agradecidos con los dueños de lo ajeno por no afectarnos físicamente.

Eso es mala señal, como sociedad estamos perdiendo el rumbo si damos por sentado que en cualquier momento podemos ser despojados de cualquier bien que tengamos con nosotros.

El tema de la inseguridad que nos cobija es de primer orden y urge un mayor esfuerzo de parte de las autoridades, con la colaboración que podamos dar los ciudadanos.





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