Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 2 Diciembre, 2015

Algunos grupos y personas estamos (no evado nunca responsabilidades) avocados a atacarlo todo, con lo cual estamos socavando el sistema…

Hablando Claro

Inicio de temporada


Hay que decirlo. Para iluminar el comienzo del mes de los alisios, los toros, los tamales y demás imprescindibles artilugios de nuestra Navidad, el regalo parisino de la torre Eiffel con un inmenso escudo y un 100% Pura Vida, nos ensanchó las comisuras de los labios y nos hinchó el pecho de genuino orgullo.
Seguimos siendo una rareza en miniatura en el concierto de las naciones por muchas razones; la primera porque el 1° de diciembre del 48 abolimos el ejército.


Y aunque lamentamos que nunca haya cristalizado la iniciativa de la historiadora Mercedes Muñoz Guillén para declarar el día como feriado nacional, como debiera ser, lo cierto es que este es el hecho más meritorio de nuestra vida democrática, junto con los alcances de nuestra seguridad social, que trascienden a los ya de por sí invaluables resultados de la salud y el aseguramiento jubilatorio, para alcanzar metas como la de nuestra matriz energética; esa que nos hace brillar allá en la COP 21, que por cierto tiene como directora de orquesta nada más y nada menos que a una costarricense.
Pero hay más. La última, según la Unión Internacional de Telecomunicaciones, es que entre 2010 y 2015 fuimos el país que más creció en el desarrollo de las TIC.
Es decir, estamos haciendo la tarea de ponernos al día entre las naciones avanzadas del mundo en un asunto que tardamos en definir y que a juzgar por los resultados de esta performance de la vida moderna estamos logrando con buena nota.
Realzo todo esto ahora que al finalizar el año nos asaltan los buenos propósitos a ver si lanzamos una tregua que nos permita dejar de dispararnos en los pies respecto de lo mal que usualmente nos empeñamos en dibujarnos, en serrucharnos los pisos y en apuntalar casi de manera obsesiva lo que no está completo, lo que falta por hacer, lo que no logramos decidir, especialmente en ese mundo contaminado y asfixiante de las redes sociales que por extensión e influencia es hoy el mundo de la comunicación toda.
La democracia vive su peor momento en todas partes. La sanción respecto de todos los asuntos públicos (y muchos de los privados) es inmediata. No solo nosotros estamos cuestionando los magros resultados de la eficacia de la gestión pública y de la negociación política.
Por alguna extraña razón, que sin duda estudian todos los días a fondo los expertos en ciencia social, algunos grupos y personas estamos (no evado nunca responsabilidades) avocados a atacarlo todo, con lo cual estamos socavando el sistema y convenciendo a los demás de que todo lo hacemos mal, que no tenemos mérito, que ya no queda gente buena en la política o la función pública, etc. ,etc. ,etc. Y eso no es cierto.
Esta idea completamente distorsionada de democracia como un ideal de consensos, ángeles y querubines bajados de los cielos arpas en mano, nos está trastocando las ilusiones, los sueños y los anhelos en pesadas cargas de sinsabores y desesperanzas.
Se nos olvida quiénes somos, cómo nos ven desde afuera y cuánto potencial tenemos para alcanzar nuestros derroteros.
Que tengan todos un buen inicio de Navidad.

Vilma Ibarra