Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 4 Septiembre, 2008

De cal y de arena
Ingobernable

Alvaro Madrigal

El mal es de esencia política; ni jurídica ni institucional. La ingobernabilidad de Costa Rica, que reprime la gestión pública y sofoca el aparato productivo, es el seudónimo de la carencia de liderazgos y del colapso de los partidos, hoy meras maquinarias electorales. Nos hemos quedado sin liderazgos, sin las guías políticas y morales que habrían anticipado el desplome de las instituciones o que se habrían echado a la espalda la tarea de reconstruirles su prestigio y devolverles la confianza de los ciudadanos. ¿Cómo es que un país otrora ubicado en la cabecera de las naciones modelo del mundo en desarrollo por el vigor de su democracia y de sus instituciones, por su exitosa erradicación del analfabetismo, por la cobertura de su seguridad social, por la fortaleza de su clase media, por su equilibrada composición social a partir de una racional redistribución de la riqueza y por satisfactorios resultados en un incipiente despegue económico, de pronto se vara, pierde posiciones, entran sus sistemas de educación pública, seguridad social y seguridad ciudadana en franco deterioro, y sus aeropuertos, puertos y carreteras devinieron en la mejor expresión de la ineptitud en la gestión administradora?
El Estado, sus instituciones, no responden a las circunstancias. Su disfunción es grave y no existe el Mora, el Carrillo, el Guardia, el González, el Jiménez, el Calderón Guardia, el Figueres Ferrer.... el líder capaz de convocar al país a una cruzada de rectificaciones y construcciones.
La capacidad de los detentadores del poder político de hoy no dio para nada más que no fuera armar una dócil mayoría parlamentaria para posicionar un modelo de economía altamente lucrativo para una minoría.

Depauperada calidad de las prestaciones hospitalarias, escuelas sin techo y sin pupitres, comunidades sin agua, carreteras en ruinas, servicios portuarios propios del tercer mundo, ¿y cómo es que en el Seguro Social los gobiernos le han llenado de “vales” y de “perros” no pocos empresarios, que las Juntas de Educación atesoran los recursos, que en arcas municipales hay más de ¢70 mil millones sin uso, que la plata del CONAVI estaba por ahí y que en JAPDEVA continúa el festín?
¿Qué es esto si no crisis de liderazgo y carencia de responsabilidad política? ¿Dónde están los partidos que no sean andamios de voraces maquinarias electorales? Y el Presidente de la República, ¿no está para detener y sancionar estos desvíos y para forjar los grandes consensos políticos con miras a modernizar el Estado y extirpar las causas del entrabamiento institucional?
Inerte en la acción pero prolífico en la cháchara propagandística, el Presidente padece de una nociva inflación de sus virtudes que él presume suficientes para que todo el arco iris político se le someta cuando lo que el país demanda es que descienda de la torre de marfil, se desprenda del maniqueísmo a que lo habituaron los tiempos del TLC, se ponga los guantes de albañil y conjunte las piezas que se requerirán en la reconstrucción del país. ¡Pero qué va, esto no va a darse!