Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 25 Febrero, 2016

 Está en los ejes del poder político la responsabilidad de tomar conciencia de este problema, no solamente por el imperativo de resolverlo en una acción preventiva de lo que puede resultar a futuro un aplastante derrumbe de las finanzas públicas sino también por el desafío que surge en el entramado de los equilibrios sociales

De cal y de arena
Indecente la evasión tributaria

Con razón, el presidente Solís Rivera dijo que la evasión ha alcanzado niveles de indecencia: por evasión, elusión y mora el fisco costarricense dejó de percibir el 8,2% del PIB en 2013, poco más o menos la misma cantidad a que llegó la burla tributaria en dos de las más importantes fuentes de ingresos fiscales, ventas y renta, en 2010. En lo que respecta al impuesto general de ventas los contribuyentes dejaron de pagar un 33,10% sobre el potencial recaudatorio (2,36% del PIB, algo así como 581.654.0 millones de colones). Y por el lado del impuesto sobre la renta el incumplimiento solo en el renglón de las personas jurídicas alcanzó al 70% del potencial recaudatorio, lo que es el 4,23% del PIB en 2013 (unos 1.042 millones de colones). A cuánto montan la evasión y la elusión de los impuestos a las ventas y a la renta, lo responde un estudio del Ministerio de Hacienda referido al período 2010-2013 y que en días atrás fue colocado en el sitio web de este despacho. El estudio es prolijo en referencias al meollo de este importante tema que aparece con justificada prioridad en el análisis del problema que está sufriendo la hacienda pública, posiblemente para agregarle pimienta a la presión del gobierno para que se aumente la carga tributaria y se introduzcan importantes cambios en el régimen jurídico sancionatorio del fraude fiscal. Llama la atención que las estimaciones se detengan en 2013 y no haya un abordaje de lo que la presente administración ha hecho para cortar por lo sano las vías de la elusión y la evasión, con lo cual podríamos medir si en el gobierno del presidente Solís la cartera de Hacienda ha hecho algo que le diferencie en esta cuestión a lo poco o mucho que se dejó de hacer entre 2010 y 2013. Esta laguna, y así lo apuntó el exministro de Hacienda Guillermo Zúñiga en un comentario al respecto que publicó en el diario Extra, deja en pie algunas preguntas.
Si ya Hacienda determinó cuánto se evade —pregunta el exministro del cuatrienio 2006-2010— ¿qué va a hacer para caerles encima a evasores y elusivos en ventas y renta? ¿Cómo va a corregir la mora? ¿Posibilita el ordenamiento jurídico emprender esta asepsia correctamente o son necesarias nuevas leyes? Y a don Guillermo yo le pregunto cuál fue la situación que él enfrentó a su llegada al ministerio. Y si estos problemas los había en cuantía significativa, ¿cómo los atacó? Está en los ejes del poder político (incluidos los poderes fácticos) la responsabilidad de tomar conciencia de este problema, no solamente por el imperativo de resolverlo en una acción preventiva de lo que puede resultar a futuro un aplastante derrumbe de las finanzas públicas sino también por el desafío que surge en el entramado de los equilibrios sociales, en riesgo de perderse irremediablemente si se sigue echando la carga tributaria sobre los mismos segmentos que hoy la asumen responsablemente. Además, el país está tocando las puertas para ingresar a la OCDE lo que implica someterse a los términos, condiciones y procesos que ella imponga y que en el campo del saneamiento de la fiscalidad adquieren un rigor especial.

Álvaro Madrigal