David Gutierrez

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Martes 16 Junio, 2015

¿Impuestos sin control de gasto?


Es innegable que Costa Rica necesita una reforma tributaria para simplificar el sistema, mejorar la plataforma institucional y aumentar de forma justa la recaudación.
La mejor prueba de esto es el índice “Doing Business” (“Haciendo Negocios”) del Banco Mundial, donde Costa Rica aparece en la posición 121 de 189 en cuánto a lo complicado que resulta pagar impuestos.
Los gobiernos de Óscar Arias (1986), Rafael Ángel Calderón y José María Figueres lograron reformas legales para aliviar la situación fiscal de aquellos momentos.
La administración de Miguel Ángel Rodríguez tuvo un poco más de problemas para aprobar la Ley de Simplificación y Eficiencia Tributaria. Posteriormente, el gobierno de Abel Pacheco aprobó la Ley de Contingencia Fiscal, que creó impuestos a casinos, sociedades y a la renta.
No obstante, todas las pretendidas grandes reformas tributarias de las últimas administraciones fracasaron a nivel legislativo o judicial.
Abel Pacheco invirtió tres años en la Ley de Pacto Fiscal, anulada por la Sala Constitucional por problemas de trámite. Óscar Arias (2006) impulsó al menos cinco proyectos diferentes, pero después de dos años decidió abandonar la lucha por falta de tiempo. Laura Chinchilla apostó al proyecto denominado Solidaridad Tributaria, torpedeado y hundido por la Sala IV por errores de tramitación.
Este gobierno debe aprender de los errores pasados y no continuar con el círculo vicioso de las reformas fiscales. El sector productivo y empresarial ha manifestado su oposición a un aumento de impuestos sin leyes para controlar disparadores del gasto público como pensiones, transferencias corrientes y salarios públicos.
En 2014, el déficit del sector público combinado alcanzó un 6,1% del Producto Interno Bruto (PIB) y el financiamiento de gastos corrientes con endeudamiento fue equivalente al 4% del PIB, el más alto de los últimos 14 años.
Pero esta administración no muestra querer bajar el gasto, por el contrario, el plan de este año creció 19% comparado con 2014. Por ejemplo, las transferencias a universidades públicas aumentan a más del doble de la inflación.
La Contraloría General de la República en su “Balance de Memoria Anual 2014”, alertó sobre un grave deterioro en las finanzas públicas y “una revisión de los salarios en el sector público, las exoneraciones, un control del gasto, de los programas públicos que no estén cumpliendo sus objetivos o los regímenes de pensiones”.
Además, una reforma tributaria no solo debe simplificar el pago, sino adaptarse a la realidad económica y estimular la producción, ya que la Encuesta Continua de Empleo señaló que el desempleo creció de un 9,7% en diciembre de 2014 a un 10% en marzo pasado.
Para peores, según el Banco Central, el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) cumplió en abril pasado 12 meses de desaceleración y es el más bajo desde 2009.
¿Por qué tanta obstinación en aumentar los impuestos sin controlar el gasto?

David Gutiérrez Swanson
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