David Gutierrez

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Martes 5 Marzo, 2013

¿Ha servido la Setena para armonizar la producción con el impacto ambiental como se propuso al crearla?


¿Impacta intervenir Setena?

La semana pasada el Ministro de Ambiente y Telecomunicaciones ordenó la intervención —por 90 días— de la Secretaría Técnica Nacional Ambiental (Setena) y la Dirección General de Transporte y Comercialización de Combustibles.
Durante este periodo se hará un diagnóstico acerca de la lentitud en el trabajo de ambas entidades y se plantearán soluciones para que agilicen sus procesos.
Por un lado, la intervención merece un reconocimiento al Ministro René Castro, quien hizo lo que pocos funcionarios hoy día: tomar decisiones y actuar.
Aunque las críticas contra Setena no son nuevas, su funcionamiento ha empeorado seriamente. En algunos casos obtener un permiso ambiental tomaba entre dos y ocho años, además de contar con más de 30 mil expedientes acumulados sin resolver.
Por otra parte esta intervención nos obliga a analizar la ineficiencia del Estado, al haber creado de forma irresponsable nuevas entidades públicas y aumentar dramáticamente la burocracia.
El Informe del Estado de la Nación indica que de las 276 instituciones públicas que tenemos en Costa Rica, 115 se crearon entre 1990 y 2009. La creación de más entidades se ve agravada por el hecho de que se legisla sin indicar de dónde se obtendrán los recursos para aplicar esas nuevas leyes.
En otras palabras, nuevas instituciones que se quedan en una simple promesa democrática, sin presupuesto.
La Setena se creó mediante la ley Orgánica del Ambiente en noviembre de 1995. Su propósito fundamental es armonizar el impacto ambiental con los procesos productivos. ¿Lo ha logrado?
Veamos: en 2011 generamos el mayor porcentaje de electricidad con hidrocarburos de los últimos 15 años; quintuplicamos los niveles adecuados de ruido generado por la flota vehicular; consumimos un 8% más de agua que el promedio mundial y, hoy, solamente 18 de los 81 municipios del país cuentan con planes reguladores cantonales. Finalmente, solamente el 0,79% de las aguas residuales del área metropolitana de San José es tratado en plantas. ¡El resto va a los ríos!
Con estas tristes estadísticas es razonable preguntarse: ¿ha servido la Setena para armonizar la producción con el impacto ambiental como se propuso al crearla? ¿Cómo estarían esos números sin la institución? ¿Podríamos concluir que en lugar de proteger el ambiente, ha impactado negativamente la productividad?
En Costa Rica hay una creciente tensión entre la actividad productiva y la protección ambiental. Además, son muchos los casos en los que el Estado se convierte en generador o actor de algún conflicto, sea por omisión, indecisión o acciones incoherentes.
En sobradas ocasiones esta tensión ha llegado a buscar soluciones en tribunales de justicia, principalmente en la Sala Constitucional. Esto no es eficiente para el sector productivo, ni saludable para la democracia.
¡Bien por la intervención de Setena! Agilizar los procesos no pondrá en riesgo al ambiente. Lo que sí lo afecta son entidades que por su propia ineficiencia realizan una labor limitada o del todo no actúan.
Esperemos que las conclusiones de la intervención para su mejor funcionamiento sean prontas y razonables.

David Gutiérrez
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