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¡Ilusos con ilusión!

“Se puede perder con buenos jugadores, pero no se puede ganar con malos”, dice el conocido refrán. ¿Cómo pretenden grandes resultados las organizaciones dirigidas por personas que hacen lo incorrecto? Identifiquemos ocho comportamientos ilusos que impiden concretar una ilusión.
Competencia interna: Mientras haya quienes confundan trabajar junto a otros, con hacerlo contra los otros, los delirios de poder prevalecerán sobre los propósitos superiores. Las agendas individuales impedirán llegar a buen puerto, pues en el forcejeo se pierde el rumbo. Incompetencia individual: Según Maxwell, una persona incorrecta en el puesto incorrecto causa regresiones, una incorrecta en el puesto correcto conlleva frustración y una correcta en el puesto incorrecto provoca confusión. Hay quienes no asumen su rol y complican que los demás lo hagan en el propio. ¿Le suena familiar?
Rumbo de perdigón: Brincar sin saltar, hacer sin avanzar y decidir sin dirección, son formas de malgastar la energía con contradicciones, errores e improvisaciones. Hay personas activas pero sin orientación clara. Rumbo sin ambición: La complacencia de quienes dirigen conduce al conformismo; a lo mejor ellos ya tienen lo que desean individualmente, pero la organización aún no llega a lo que necesita y el girar en círculos anula la ilusión de todos.
Juego sucio: El deporte más popular podría ser “serruchar el piso” a los exitosos e innovadores. La envidia y la mediocridad estimulan conductas destructivas. Cuidarse de los “compañeros” se vuelve más relevante que lograr las metas. Juego anárquico: Derechos y privilegios desiguales pese a igualdad en responsabilidades y desempeño, ¿cómo ser productivos en un entorno ambiguo respecto a quién decide qué para beneficio de quién?
Conversación entre falsos sordos: Las cosas se dicen pero nadie escucha, todos señalan dónde está la falla y quien debe resolver no actúa. Poco a poco ya no se conversa de la ilusión que se tenía, sino de la desilusión colectiva. Hermetismo: “¡Aquí pensar es peligroso y expresarse es un suicidio!” Discrepar con el jefe es arriesgar el puesto, callar es la norma y mantener un bajo perfil es el pasaporte para transitar por la organización sin ser víctima ni protagonista en riesgo.
Si en su equipo se presentan algunas de estas disfunciones es prudente advertir que, en ese rumbo, solo se llega al territorio de los ilusos por tener una ilusión, porque esta jamás se convertirá en una realidad.
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