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Martes 1 Enero, 2008

Ignorancia disfrazada


Hace algunos días escuché decir que la ignorancia no es ninguna bendición. Pensando en estas palabras recordé algunos hechos dentro de mi trabajo, la Asamblea Legislativa, y confirmé que tal aseveración es una realidad. Pero es que hay varios escenarios para diferentes obras teatrales donde se puede practicar una conducta ignorante. Le explico. Está el escenario donde favorece ser ignorante y voluntariamente se permanece en ese estado, siendo notable el sumo interés de desarrollar este papel bajo estos términos. Con conducta de “supuesta humildad”, abogan a que las decisiones que tienen premura están vinculadas a “profundos” conocimientos que se deben indagar, por lo tanto abordan un navío de desinterés para navegar hacia mar adentro de las indecisiones. Otro escenario es, donde pareciera que es imperante que todos los actores sean eruditos, sabios que rayen la brillantez, y dentro de escenas de grandes conversatorios, algunos hacen gala de sus conocimientos y hasta pareciera que tienen el monopolio de la verdad. Sin embargo a lo largo de la trama, no queda mas que en evidencia la aparición de esa compañera silenciosa, que para estos efectos ya no se denomina ignorancia, sino “desacuerdos”. Y si bien es cierto los acuerdos son resoluciones o disposiciones tomadas por diferentes proponentes, en honor de la verdad el conocimiento debería prevalecer sobre los “acuerdos”, entonces bajo este esquema también hay ignorantes. Quisiera mencionar un último escenario, posiblemente existan otros que pudieran darse, sin embargo me limito a estos; en este los personajes tienen conocimiento pero prefieren disfrazarse de ignorantes, con el propósito de alcanzar intereses muy singulares. Así las cosas, estos actores están dispuestos en determinados momentos a pagar el precio de una reputación que los pudiese descalificar en sus funciones.
Estimado lector, esta metáfora que ilustra ciertos pasajes de la Asamblea Legislativa, poder de la República donde se toman decisiones que tiene repercusión sobre toda la ciudadanía, la ignorancia moderada que obviamente todo ser humano parece alcanzar un nivel poco razonable. ¿Por qué lo digo? En la sencillez de las cosas se fundamenta la excelencia del conocimiento y en reiteradas ocasiones el sentido común no prevalece en los asistentes al Plenario costarricense, pero ¿quién es el ignorante? o ¿quién quiere seguir siendo ignorante? o ¿quién quiere hacerse pasar por ignorante? Difícilmente alguno diría que él, si viera que su respuesta lo va a exponer a situaciones que le pudieran amenazar.
¿A qué quiero llegar? La agenda complementaria del TLC. Estos proyectos de ley abordan diversa materia de diferentes campos profesionales, y como usted comprenderá, ha sido necesario acudir a diferentes percepciones, opiniones y criterios con los cuales se pueda alcanzar un nivel de conocimiento razonable para adoptar finalmente una posición “sustentada” de argumentos. Ahora ¿qué sucede con aquellos que teniendo conocimiento de terminadas situaciones se “disfrazan” de iletrados o indoctos? ¿Podrán pasar inadvertidos con ese disfraz en medio de discursos políticos e ideológicos sin ser identificados por los asistentes a la obra? Sean estas preguntas para usted, ciudadano que desea lo mejor para su persona, su familia y su patria, una reflexión de detenimiento que le ayude para establecer quién realmente es honesto en su ignorancia.


Lic. Luis Antonio Barrantes Castro,
Diputado jefe fracción Movimiento Libertario