Humberto Pacheco

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Martes 17 Febrero, 2009

TROTANDO MUNDOS
Huelga, Indigestión y Abusos

Humberto Pacheco

Estuvimos considerando abrir un debate sobre la huelga de pilotos de Iberia, dada la cantidad de mensajes que recibimos, pero la andanada de insultos que nos llegaron- curiosamente a nuestra dirección profesional, no a la personal que publicamos en las columnas- hizo que abortáramos esa idea.
De lo poco rescatable se repitió con insistencia el decirnos que no sabíamos- en sus acepciones más enfáticas- de que estábamos hablando; que sólo “ellos” están capacitados para calificar esos hechos. Para responder a esa desatinada presunción, en respuesta a nota moderada que la ameritó, dijimos:
“…es preciso aclararle que, dada nuestra ocupación de abogado internacional que por décadas ha viajado al extranjero …. hace algunos años alcanzamos el estatus de Platino permanente en American Airlines, compañía con la que ya acumulamos más de 8 millones de millas, tras haber anteriormente alcanzado niveles parecidos con Pan American y con Delta …. Entre los meses de marzo y octubre 2008 alcanzamos el estatus de Platino también con su compañía, aunque puede ser que eso no continúe.
Además, hace unos años residimos en el Canadá y en la actualidad pasamos mucho tiempo en Suiza, lo que nos ha permitido vivir extensamente los inviernos nórdicos y entender con que se come el delicado tema del deshielo. No precisa extendernos para aclararle que fuimos uno de los abogados involucrados en el proceso de Air Florida en el Potomac (ante referencia que nos enviaba a leer sobre el caso), en representación de un accionista de la línea aérea. Ese es quizás el caso más patente de hielo en un avión.”
Por cierto, en sus diatribas ninguno aclaró bajo que graciosa concesión fuman en las cabinas durante el vuelo. Cerramos definitivamente ese capítulo.
Es una pena que por un incidente de poca monta, el Gobierno perdiera a un dirigente capaz, especie muy escasa en estos tiempos. El caso del almuerzo de vivienda fue sobredimensionado hasta el punto de que la saña empleada movió a una persona digna a retirarse de su cargo. Sí hay algo rescatable en todo esto es el ejemplo poco común que dio don Ennio Rodríguez (a quien personalmente no conocemos), pues reembolsó de su propio peculio el importe de la cena y luego presentó su renuncia.
Que todos los otros comensales, en vez de correr a cubrirse cuales “Bambis”, y rehuir su responsabilidad a pesar de que usufructuaron igualmente, no hicieran por lo menos un intento por cubrir la parte que les correspondió, también da pena. Tanto más grave resulta que ahora pretendan endosarle toda la culpa a don Ennio, cuando ninguno gritó foul mientras libaba alegremente durante el evento. ¿Los descalifica esto para ostentar cargo público, ó más bien los tipifica?
No nos malentiendan; somos críticos ácidos de los abusos que se cometen con el erario público, pero no deja de sorprendernos como se dejan pasar cosas muy graves, tales como la de los ¢597 millones en incentivos (¿?) a los sindicatos de los muelles de Limón, y en cambio se exageran las trivialidades de un almuerzo de ¢600 mil. Es un rasgo típico de las sociedades peseteras, lo que reafirma nuestra reticencia a ser calificados de ticos y preferir solamente que se nos llame costarricenses.
Por cierto que en torno al tema de Limón, hay quienes siguen criticando los años de la Northern y de la bananera, que al menos dieron empleo y mantuvieron limpia la Ciudad, pero se niegan a ver que los detentadores locales de ahora tienen buena parte de la culpa del subdesarrollo de esa región.

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