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Viernes 12 Noviembre, 2010

Hoy tenemos una oportunidad

Costa Rica se forjó con manos valientes a través de la historia. De las huellas profundas en el conocimiento, la hermandad entre los pueblos, el cuido y refugio al perseguido, la entrega de una mano solidaria antes que vengativa.
Por derecho propio, hemos creado historia en Latinoamérica como la democracia más antigua y la primera que eligió educar, antes que militarizar. Porque sabemos que elegir la paz, no es costoso, si lo comparamos con el costo de la guerra. Elegir la educación jamás será un alto precio por pagar, si lo comparamos con el precio de la ignorancia.
Hoy no tenemos una trinchera para la guerra. Hoy tenemos una oportunidad extraordinaria para demostrar al mundo, por qué somos un pueblo gigante, por qué somos un emblema a seguir, por qué elegimos la libertad ante la opresión, por qué elegimos cambiar las armas por cuadernos y escuelas.
En este día, más que cualquier otro, tenemos la oportunidad de demostrar al mundo, que la soberanía se defiende con firmeza, valentía, manifiestas a través del diálogo entre dos pueblos en cuyas historias nos hallamos mutuamente, para liberarnos de los demagogos opresores. Se defiende con hombres y mujeres vestidos de blanco, nicaragüenses y costarricenses, elevando la voz como un solo pueblo.
Si no somos capaces de defender nuestra tierra sin guerras ni muertes. Si no somos capaces de demostrar al mundo, hasta las últimas posibilidades, cómo se lucha sin violencia, entonces no merecemos la democracia que nuestros padres construyeron.
Claudicar no es la medida justa para quienes se saben dignos herederos de un país de derecho, de solidaridad social sin distingos de razas, culturas o religión. Hemos demostrado que nuestros problemas se vuelven pequeños, cuando nuestra huella es una y gigante. Hemos demostrado que caemos para levantarnos, que caminamos para avanzar, que la razón puede más que la demagogia del ignorante y un lápiz en la mano de un niño, tiene más poder que el cañón de un arma. Si nuestro ejército se compone de maestros y maestras que educan en las aulas, sirva nuestra educación para engrandecer a un pueblo entero, pero no permitamos, nunca permitamos, que se confunda nuestro silencio con la aceptación de la derrota.
Así como nuestro blanco no se mancha con sangre, tampoco servirá para que se escriba el verso de los rendidos. Extendamos banderas blancas en nuestras casas, oficinas, escuelas, hospitales, ministerios. Vistamos nuestro país de blanco en calles y alamedas. Demostremos por qué somos un pueblo pequeño, que nació para ser gigante.

Randall Roque
Escritor
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