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Herramienta para el desarrollo

Los fondos de desarrollo inmobiliario son considerados la segunda generación de estos instrumentos de inversión

La industria financiera incursionó en el negocio inmobiliario, utilizando inmuebles con fines de alquiler. A este negocio se le llamó fondo inmobiliario, donde ese retorno por concepto de renta genera la ganancia y a partir de los niveles de ocupación se pueden medir la salud y rendimientos que pagaría ese fondo.
Pero el tema no se quedó ahí y las Safis evolucionaron a una segunda figura, llamada fondos de desarrollo inmobiliario.
Estos fondos se caracterizan porque compran un terreno y le suman valor, ya sea mediante construcción o añadiendo otros activos a la propiedad. Luego, la vende a un precio mayor y de esa ganancia se generan los rendimientos.
En la mayoría de los casos, identifica una necesidad, la construye y posteriormente la vende. Así hay ejemplos de oficentros y complejos turísticos entre una gran variedad de activos que hoy se pueden encontrar en los fondos de desarrollo inmobiliario.
La lectura de estos instrumentos es compleja, porque solo obtienen ganancias cuando venden. Durante la etapa constructiva, el fondo reporta números negativos, aunque se supone que al final del proyecto el balance debe quedar en números positivos.
Uno de los incentivos para desarrollar estos proyectos son los beneficios impositivos de que gozan. Eso da un mayor margen para lograr la obtención de una ganancia al momento de vender.
El inversionista que desee participar en estos instrumentos debe tener claro que lo más indicado es ingresar al negocio desde el principio.
Los fondos de desarrollo inmobiliario usualmente se planifican en etapas. Primero, compran todo el terreno que se desarrollará, luego construyen una primera etapa para vender. Luego de generar esa ganancia, continúan con la siguiente fase del proyecto y de esa forma van generando un flujo de ingresos a lo largo de los usualmente cinco años que dura el desarrollo.
Bajo las condiciones económicas actuales, la mayoría de fondos de desarrollo inmobiliario postergaron los tiempos de sus proyectos. El encarecimiento del financiamiento no conviene para la ecuación, como tampoco existen compradores que cuenten con los recursos o confianza para comprar los activos por la situación complicada que vive el sector construcción.
Por tanto, en el corto plazo, las Safi continuarán cuidando sus proyectos, sumando activos de forma más conservadora y manteniendo su gestión de atracción de clientes; además de esperar el momento en que el mercado vuelva a tener condiciones más favorables.
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