¡Hazte caso!
Enviar
¡Hazte caso!


El término “Aztecazo” se utiliza para referirse a la primera derrota sufrida por los mexicanos, en el Estadio Azteca, en un proceso hacia un Mundial de fútbol. Sucedió el 16 de junio del 2001. Cuatro años antes, los costarricenses habían empatado 3 a 3 con México en el mismo escenario En ambas ocasiones fui un colaborador directo de la Selección de Costa Rica y a continuación resumo seis lecciones que rescato, por su utilidad, para todo tipo de organización.
Las grandes batallas se ganan con el corazón. La pasión por ganar mueve el talento del equipo a su límite y más allá. Cuando el reto es importante y la recompensa es hacer historia, los actores deben estar tan convencidos de su capacidad que no pondrán atención a situaciones del pasado ni al entorno, todo lo que cuenta es ganar y no dejarse influenciar por nada más que ese sentimiento.

Nadie es mejor que todos juntos. La unión del equipo es su principal estandarte cuando el desafío es alto; en otras circunstancias las individualidades juegan un papel considerable, pero solo los equipos que en verdad lo son aspiran al máximo sitial. Ser equipo no se improvisa, se construye.
Soñar en grande y convertir la ilusión en realidad. Pablo Coelho dice que “las posibilidades de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante.” León Daudi complementa: “Solo es capaz de realizar los sueños el que, cuando llega la hora, sabe estar despierto”. Recuerdo que en 1997 y en 2001, los jugadores compartieron los sueños que habían tenido en su niñez y lo mucho que trabajaron para concretarlos en su camino a la madurez. Si el sueño es colectivo, la posibilidad de alcanzarlo es mayor.
Visualiza lo que quieres, enfócate y trabaja. Los líderes (directores técnicos) tienen un trabajo difícil: visualizar con anticipación el partido, definir un plan de juego inteligente, lograr que los jugadores dominen el sistema (estrategia) y focalizar la energía en alcanzar un alto nivel de confianza en ese plan. Su credibilidad ante el grupo es vital.
Conocer lo que defiendes. En el 2001, los jugadores ticos estudiaron previamente sobre la historia, la geografía, los símbolos y las cualidades de su país. Cuando se desea colocar la bandera nacional en la historia hay que saber qué significa ella y sentir orgullo por lo que se defiende.
No te comas las frutas podridas. En ocasiones la mente es atrapada por cuentos de terror, o por lo menos de miedo, sobre situaciones externas (altura, estadios, estadísticas, etc.) Esas son como frutas podridas que no hay que tomar o comerse, sino dejarlas pasar. Su importancia será la que nosotros le demos, y por ello la respuesta debe ser ocuparnos de nosotros y no de los otros y sus argumentos.
Al hacer caso a la confianza en nuestra capacidad y equipo gozamos los retos. ¡Que se repita!

German Retana
[email protected]

Ver comentarios