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Es urgente un Plan Nacional de Seguridad que se inscriba en un Plan - País capaz de devolver la paz a los costarricenses

Hay que recuperar la paz

No solo es necesario más dinero. Las políticas implementadas contra la delincuencia no han dado resultado puesto que la criminalidad es un flagelo que cae cada día con mayor fuerza sobre los costarricenses.
La inseguridad es el principal problema que enfrentan las personas tanto en sus casas como en las calles.
Se sumaron factores del entorno a otros de orden interno. Mientras en Colombia se libró una fuerte y sostenida batalla contra el narcotráfico y este asentó sus bases en México, donde también se combate hoy fuertemente, Centroamérica pasó a ser la zona vulnerable hacia donde, lógicamente, miraron las narcomafias para continuar y extender sus actividades.
Esto era previsible. Pero no se tomaron medidas en Costa Rica para evitar la nefasta llegada de la actividad de los carteles y toda sus secuela de criminalidad.
Por otra parte, el serio deterioro de la clase pobre de este país, sumió a muchos en la desesperanza, los llevó al abandono de las aulas y a ver la calle como el único ambiente en el cual “ganarse la vida” a base de robar y delinquir. Este fue el terreno fértil en el cual fácilmente el narcotráfico podía desarrollar su nefasta labor. Otros se han ido sumando no por pobreza sino por inescrupulosa ambición.
Así, los costarricenses, acostumbrados a vivir en paz, se encontraron de pronto en medio del crimen organizado y hoy, como lo señala un artículo de este medio ayer, en uno de cada cuatro hogares habita al menos una persona que fue víctima del hampa en los últimos cuatro meses.
La solución no consiste únicamente en disponer de más dinero para combatir este grave problema que afecta toda la vida nacional. Es indispensable y urgente trazar una compleja estrategia nacional que debe inscribirse en un Plan - País para que pueda implementarse porque las acciones deben abarcar la multiplicidad de factores que se han sumado para llevarnos al extremo en el que hemos caído. Pobreza extrema y mala educación entre otros.
Hoy, cerca ya de una nueva contienda político electoral, los ciudadanos no quieren escuchar más retórica inútil. Los candidatos que se disputarán el poder deben tener muy claro que dicha retórica por muy buena que parezca no convencerá ya a nadie y menos a quienes forman el grupo mayoritario, es decir, los que aún no deciden por quién votar.
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