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Los recientes terremotos de gran magnitud en Haití y en Chile deben servir para entender la importancia de implementar la prevención necesaria en el país

Hay que prevenir, no lamentar

Aunque Costa Rica está a la cabeza de Latinoamérica en construcción sismorresistente, esto no significa que la población tenga absoluta certeza de la condición de las edificaciones en cuanto a su capacidad para soportar un terremoto. Esta inseguridad debe eliminarse porque existen todas las condiciones para hacerlo.
El Código Sísmico de este país fue actualizado en 2002 y se cuenta con ingenieros especializados en la materia, como lo detalla una información de este medio ayer. Sin embargo, carecemos según parece de una institución que sea la responsable de que las normas establecidas se cumplan.
Ya se sabe lo que ocurre cuando se establecen normas pero no quien estará a cargo de vigilar su cumplimiento ni se acuerdan las sanciones que por dicha infracción se deban aplicar: no falta quien las incumpla.
La inobservancia, en este caso del Código Sísmico, puede producirse porque signifique mayores ganancias para quien construye o simplemente por desconocimiento. En cualquiera de los dos casos la situación es grave porque graves son las consecuencias que el hecho puede acarrear.
Los recientes terremotos de gran magnitud en Haití y en Chile son llamadas de alerta que deben servir para entender sobre la importancia de implementar lo posible para minimizar, en caso de un sismo importante en el país, las consecuencias sobre la vida humana y los bienes materiales.
En Costa Rica existe un decreto de la década de 1980, que obliga a diagnosticar y reestructurar, si fuera necesario, los edificios del Estado, por ejemplo, los hospitales de la Caja Costarricense de Seguro Social. No obstante, pareciera que solo algunos han cumplido con este mandato.
Es vital que se tome conciencia sobre esto y que, de inmediato, se pase a la acción. Sobre las fuerzas de la naturaleza no podemos mandar, sin embargo, con nuestras acciones hemos alterado su armonía. Lo que sí podemos y tenemos la obligación de hacer, es tomar las medidas preventivas que podrían evitar una catástrofe. En este caso es muy útil recordar el sabio refrán: más vale prevenir que lamentar.

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