Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

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Miércoles 16 Abril, 2014

Deseémosle al gobierno entrante todas las cosas que necesitará para sacar su tarea;  si al nuevo gobierno no le va bien, nos va mal a todos


¡Hagamos el cambio!

Esta última campaña política ha sido la más extraña que se ha presentado en los últimos tiempos.   Pasamos de tener un electorado apático y desilusionado, con un candidato que dominaba ampliamente las encuestas, a ver surgir un nuevo aire de esperanza y cinco candidatos que hasta el día de la elección del 2 de febrero, tenían oportunidades reales de aspirar a la Presidencia de la República.
Los resultados de esa primera cita electoral nos sorprendieron a todos, con un candidato que estuvo siempre de cuarto o quinto lugar en las encuestas, logrando el primer lugar y siendo elegido este 6 de abril Presidente de nuestro país.
Mucho se ha hablado de las razones detrás de este comportamiento, pero básicamente la palabra “cambio” ha estado en casi todas ellas.  Los costarricenses exigimos un cambio, en la forma de hacer las cosas, en los liderazgos, en los nombres que siempre son instalados en todas las instituciones durante los últimos lustros; no por sus capacidades, sino por sus amistades.
Pero, a pesar de que estamos exigiendo ese cambio, creo que debemos empezar por nosotros mismos.  Hace unos días discutía con un grupo de personas la necesidad de hacer todos un alto en el camino y sentarnos a pensar cada uno en sus propios aportes con relación al país que queremos y eso tiene que ver con todos los ámbitos de nuestras vidas.
¿Cómo estamos siendo con nuestro trabajo diario?  ¿Estamos haciendo nuestro mayor esfuerzo? ¿No estamos “robando” tiempo de nuestra jornada para dedicarla a asuntos personales? ¿Somos leales a la compañía que nos contrata y a los compañeros que nos acompañan en nuestras labores?  Cualquier respuesta negativa a estas preguntas, implica pequeños actos de corrupción en nuestras vidas. Corrupción que precisamente no dudamos en criticar en otros.
Y en nuestra vida personal: ¿Somos buenas parejas? ¿Buenos padres? ¿Buenos hijos, hermanos, nietos?, ¿Somos caritativos con nuestros semejantes?  Lo que hagamos mal en ese sentido redunda en el bienestar de las personas que nos rodean.  Recordemos que el bienestar general se compone de la suma de los bienestares individuales, por consiguiente, con pequeños actos podemos hacer que este país sea cada día mejor.
¿Qué tal nuestro papel de ciudadanos? ¿Fuimos a votar en estas elecciones? ¿Hicimos la tarea escogiendo las ideas que mejor representaban nuestro pensamiento? ¿Participamos en la toma de decisiones de nuestras comunidades? ¿Denunciamos hechos ilícitos cuando los descubrimos? ¿Pagamos los impuestos que nos corresponden? ¿Exigimos facturas? ¿No botamos basura? ¿Conducimos responsablemente?  De igual forma, respuestas negativas a estas preguntas implican que tenemos muchísimo que mejorar.
Mantengámonos alerta, exijámosle a nuestros gobernantes, deseémosle al gobierno entrante todas las cosas que necesitará para sacar su tarea;  si al nuevo gobierno no le va bien, nos va mal a todos.
Pero sobre todo, hagamos cada uno de nosotros el cambio, solo variando nuestros parámetros para juzgar lo que es correcto o no, en todos y cada uno de los aspectos de nuestras vidas, lograremos no solo tener un mejor país, sino que realmente algún día seamos “el país más feliz del mundo”.

Vladimir Sequeira

Gerente General de Acobo