Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 12 Junio, 2015

Hacia una sociedad de la recreación

En una época en que la mayor parte de las noticias tiene que ver con escándalos de corrupción, no deja de causar extrañeza el gran espacio que se la ha dado a lo que, desde hace años, era archiconocido y se venía denunciando: la podredumbre en que se había sumido la FIFA, convertida en una poderosa trasnacional que se creía y se comportaba como una organización que ejercía poderes omnímodos en el ámbito planetario fuera del alcance de los tribunales de justicia.
Nadie tenía injerencia en sus negocios aunque todo el mundo comentaba que eran tan gigantescos como sucios. Ahora esperamos que la detención de varios de sus dirigentes y la renuncia de su presidente permitan arrojar luz dentro de ese tenebroso subsuelo.
Pienso que el estupor mundial que este escándalo ha causado —y posiblemente siga causando— tiene su raíz en el enorme y creciente espacio que la recreación ocupa en la sociedad actual, entendiendo por “recreación” el conjunto de actividades que se realizan en vistas al disfrute del tiempo libre, es decir, del tiempo de que disponemos no para desempeñar un trabajo remunerado, sino para dar rienda suelta a todo aquello que no está circunscrito a lo que hacemos como parte de nuestras responsabilidades laborales.
Es el tiempo para ejercitar el músculo en una sociedad sedentaria; el tiempo para desarrollar la imaginación en una sociedad ahíta de rutina; el tiempo donde uno pueda ser alguien más allá de todo rango social. Pero también la recreación es una profesión, un espectáculo que, al convertirse en profesión, deviene en una industria de las más lucrativas y poderosas de la sociedad actual. Su razón de ser es obtener un goce cuyo objetivo es el placer mismo sin procurar otra recompensa.
Cada día se emplean más recursos económicos, tecnológicos y humanos destinados a la recreación. Todo lo cual se debe a los efectos en la vida cotidiana de la revolución científico-tecnológica que hace que el tiempo destinado a la recreación sea cada vez mayor. La tecnificación del trabajo manual e, incluso, intelectual está haciendo que el cuerpo humano se convierta en un objeto estético, cuyo valor se mide tan solo por el goce que suministra.
Esto hará que el tiempo destinado a la recreación sea cada vez más valorizado. Esto hará igualmente que el poder económico, político y social (status) que de ahí se deriva sea cada día mayor. Todo lo cual obligará a los poderes formales (Estados nacionales u organismos internacionales) a establecer normas, lo mismo a que pensadores y líderes espirituales establezcan lineamientos axiológicos y humanísticos, en procura de que los ingentes recursos destinados a la recreación no sean ocasión para la corrupción, sino instrumentos para la edificación de una sociedad donde el ser humano pueda disfrutar del goce de la plenitud existencial.
Paradójicamente la crisis de la FIFA debe invitarnos a soñar con ese mundo de maravillas, donde Alicia seamos cada uno de nosotros si hacemos del deporte una práctica para (re)crearnos como seres humanos plenos. Tal fue el ideal que inspiró en la Grecia clásica la tradición de los juegos olímpicos.

Arnoldo Mora