Dyalá Jiménez

Dyalá Jiménez

Enviar
Jueves 5 Abril, 2018

¿Hacia la Tercera República?

En nuestro actual sistema democrático, la importancia de los partidos políticos no debe subestimarse. Si los partidos sirven como maquinaria para llegar al poder —para tomar acción y poner en marcha el proyecto que ofrecen—, también son indispensables para la institucionalidad democrática. Lo anterior porque sirven de semillero de servidores públicos, de representantes locales y de diputados y diputadas con ideales e idearios. También funcionan como herramientas de control político, de llamadas a rendición de cuentas, para estimular discusiones públicas, generar dialéctica con la prensa e impulsar proyectos. Para realizar esas importantes funciones en la sociedad, los partidos deben ser fuertes y dinámicos.

Hay quienes piensan que ya la hora del PLN llegó; que fue un partido muy importante en la construcción de la Costa Rica de hoy y que su pronta desaparición es el natural desenlace histórico. Si no reaccionamos los liberacionistas, es probable que así sea. La pregunta obligada es, ¿para qué?

La construcción de la Segunda República tuvo como sus bases la libertad económica y la solidaridad cristiana, heredadas del calderonismo, así como la protección y la reivindicación de los sectores obreros, heredados del comunismo y, ellas a su vez, defendidas por la Iglesia católica. Si el proyecto de la Segunda República hubiese borrado esas fundaciones, Costa Rica no sería lo que fue en el siglo XX, y el resultado de las elecciones recién pasadas tampoco hubiesen sido lo que fueron. Fue la agenda equilibrada, con el elemento transformador de la estructura económica y del Estado la que permitió el surgimiento de una clase media robusta y pujante.

Así, el propósito de la Segunda República impulsada por el liberacionismo fue la generación de ese movimiento económico y social, inclusivo y solidario, mas no fue la creación del tinglado de instituciones que componen hoy en día nuestro Estado. Ese fue el medio. Tampoco fueron deseadas como fin en sí mismo la creación de, por un lado, una clase burocrática privilegiada y, por el otro, unos sectores económicos protegidos. Otro efecto colateral no deseado fue la maraña institucional que afecta tanto la gobernabilidad como la competitividad.

Desde los años 70 Don Pepe lo advirtió, el país se había tornado ingobernable. Llegamos a 2018 y el país está en franco estado de parálisis.
Pero se abre hoy una oportunidad para que PLN ofrezca esa agenda transformadora necesaria para la “Costa Rica del Bicentenario”. El acuerdo de un gobierno nacional entre Rodolfo Piza y el presidente electo Carlos Alvarado presenta al país un compromiso concreto, transparente y equilibrado. Un acuerdo por “la esperanza, la equidad y el desarrollo”, tres elementos que claman los ciudadanos costarricenses y que precisa nuestra sociedad para seguir caminando por la senda de la prosperidad.

A ese banco de dos patas, sin embargo, le falta la tercera: el elemento transformador que el PLN puede aportar. De nuestro partido debe salir el tercer elemento, para que el acuerdo sea uno de “esperanza, equidad, desarrollo y progreso”. Nuestro partido cuenta con un recurso humano de alto calibre y ofrece al país una fracción legislativa preparada, y puede contribuir con políticas transformadoras en materias tales como investigación y desarrollo, deporte, seguridad, reforma tecnológica del Estado, desarrollo portuario y costero, entre otras.

Por ello se hace necesaria la modernización del PLN: para seguir vigente y asumir el liderazgo que le corresponde. Una agenda tan ambiciosa como necesaria para Costa Rica solo se podrá llevar a cabo con política con “P” mayúscula y solo se logrará durante varios gobiernos. Si se piensa en una coalición de centro entre los partidos PLN, PUSC y PAC, se puede vislumbrar un cambio en la dinámica legislativa y la gobernabilidad de nuestro país. Sé que hay proyectos valiosos para transformar la manera en que elegimos a nuestros diputados, como el de Poder Ciudadano Ya y el proyecto de ley para convocar a una Asamblea Constituyente, pero en lo inmediato una coalición podría surtir efectos positivos encaminados al propósito deseado.

Por todo lo anterior, pienso que el inicio de la senda hacia la Tercera República se puede dar ahora, con una agenda nacional de “tres patas” y una coalición de centro.