Hacer todo lo que sea necesario
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Hacer todo lo que sea necesario

15 de abril de 2012

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“Hacer todo lo que sea necesario” es la nueva máxima que resume la política monetaria en las economías desarrolladas. Fue inicialmente empleada en julio del año pasado por Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, refiriéndose a los esfuerzos para salvaguardar el Euro.
En setiembre de ese mismo año fue seguido por Ben Bernanke, presidente de la FED, quién prometió “hacer todo lo que sea necesario” para reducir el alto desempleo hasta un nivel apropiado. Esto implicó la expansión del ya agresivo programa de compras de Bonos del Tesoro y otros activos financieros privados, hasta alcanzar los $85 billones mensuales en la actualidad. De esta forma, la base monetaria en dólares se ha más que triplicado desde 2008.

El 4 de abril recién pasado fue el turno Haruhiko Kuroda, nuevo presidente del Nichigin, que tras su primera sesión en el Banco de Japón anunció “hacer todo lo que sea necesario” para alcanzar una inflación del 2% en 2014. La economía japonesa ha promediado una deflación del 0,3% desde 2000, aunque con un bajo nivel de desempleo. Para cumplir este compromiso implementará la política de estímulo monetario más intensa que se ha visto. Comprará activos financieros hasta duplicar la base monetaria en menos de dos años.
Ahora, los ahorrantes japoneses se unirán a los americanos y europeos en la búsqueda de inversiones internacionales con mayor rendimiento, que a la vez los cubran de la devaluación de sus monedas. Le harán la vida más difícil a los Bancos Centrales de los países emergentes que enfrentarán aun mayores flujos de inversión hacia sus respectivos países. De esta forma se distorsiona el objetivo original del sistema financiero global de canalizar capital del sector privado hacia oportunidades de inversión reales.
Hasta ahora “hacer todo lo que sea necesario” por medio de creación de nuevo dinero ha sido insuficiente. Las dificultades del sistema financiero y fiscal en Europa persisten. El desempleo en EE.UU. sigue obstinadamente elevado. La promesa del maná monetario no se ha materializado, pero tampoco se ha generado un aumento de la odiosa inflación. Sin embargo, la apreciación sistemática de las monedas emergentes en los últimos años puede ser un indicio de inflación global por venir o de una nueva encarnación de burbuja financiera.


Pablo Villamichel
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