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Se podrá planificar un crecimiento adecuado y sostenible, pero esto resultará difícil para el próximo Gobierno debido al desarrollo caótico que ha sufrido el país


Habrá que reordenar el desorden

Soluciones hay, desde luego, para importantes problemas que Costa Rica debe enfrentar a fin de que su crecimiento sea sano, bien fundamentado, planificado y sostenible.
No obstante, la tarea para el próximo Gobierno será difícil y complicada a causa de que el desarrollo se ha producido en forma caótica y sin las debidas previsiones.
Los pocos recursos existentes deberán ser administrados con sumo cuidado para que se empleen en forma inteligente y eficiente en solucionar los problemas relacionados con las principales necesidades.
Sobran los ejemplos de la falta de acciones coherentes con el rumbo que se le dio al país cuando se trabajó para ampliar la apertura comercial y al emplear abundantes recursos económicos en impulsar el turismo.
Se realizaron importantes esfuerzos por atraer inversión extranjera sin planificar que el sistema educativo tuviera formado el recurso humano que las empresas que abrirían operaciones aquí necesitarían, ni capacitar a las pymes nacionales para que salieran adelante.
A causa de esto, entre otras graves imprevisiones, solo un sector de la economía pudo aprovechar bien la apertura, mientras el resto se ha ido empobreciendo y ampliando su desigualdad.
Por otra parte, algunas de las compañías extranjeras que ingresaron a operar, han venido teniendo una serie de requerimientos insatisfechos.
Falta personal calificado en ciertas áreas, al mismo tiempo que crece una población de personas con títulos profesionales pero sin empleo. Todo producto de ocurrencias que fueron presentadas como un plan país.
En el desarrollo para hotelería y vivienda en sitios especialmente apetecidos como algunas zonas de Guanacaste, tampoco hubo los estudios, planificación y trabajos necesarios para que no se presentaran hoy inminentes problemas como la falta de agua.
Hace más de diez años se habían visto ya los problemas que podrían surgir, pero todo siguió impulsándose en forma caótica, sin planes reguladores en la mayoría de lugares, que ordenaran el desarrollo no solo de Guanacaste sino del país en general.
Tampoco se concretaron todos los estudios que hacían falta para definir un claro mapa de fuentes de agua o reservas acuíferas, a fin de que no fueran esos los sitios que se pavimentaran, además de construir embalses que garantizaran los caudales necesarios de acuerdo al crecimiento previsto.
Hacía falta también construir infraestructura eficiente y sólida para permitir una adecuada distribución del agua sin riesgos de contaminación y desperdicios como los que ahora sufre el país. Pero no se hizo.
Como decíamos al inicio, le tocará al Gobierno que entrará en mayo, intentar al menos mejorar las condiciones en que recibe un país que, además, ha adquirido un problema fiscal importante por mala administración.

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