Enviar
Miércoles 14 Julio, 2010

Guerra y narcotráfico

La penetración del narcotráfico en Costa Rica se viene anunciando desde hace al menos tres años. Esta se produce debido a la presión, que en el caso de México es una guerra, que han aplicado contra el crimen organizado lo que hace que las bandas mexicanas y colombianas busquen nuevas rutas y países donde operar, en especial aquellos como Costa Rica que es un país sin ejército y con una tradición de paz y de respeto a la ley.
Hay un estado de guerra, que en México y Colombia es real y viven día a día con enorme cantidad de víctimas y muertos (en México se estiman en más de 23 mil), sufrimiento e inseguridad, con crímenes atroces, sicariatos desalmados, secuestros, etc.
La estabilidad de éstos países se ve amenazada por estos criminales que ya han dejado de ser pandillas para convertirse en maquinarias que utilizan tecnologías de avanzada en sus métodos y que en muchos casos constituyen verdaderos ejércitos con entrenamiento y organización militar.
Para Costa Rica es una lucha muy desigual, pues no contamos ni con el dinero ni con la preparación policial necesaria. Nuestra policía y el servicio guardacostas logran con enormes esfuerzos capturar grandes cantidades de droga y nos hemos convertido en bodega de drogas en tránsito hacia EE.UU. y Europa. Pero parte de ella se queda en nuestro país como pago por los servicios prestados lo que a su vez genera mucho dinero que contribuye a la corrupción de personas, políticos y autoridades. Este cuadro se ha visto hasta el cansancio en otros países.
Si no tenemos los medios o la tecnología necesaria para eliminar esta amenaza, nuestros diputados deberían no entorpecer las alianzas que son indispensables establecer para detener y de ser posible (cosa que dudo) eliminar esta lacra. Démonos cuenta que países como México y Colombia, con gobiernos que han puesto su credibilidad en esta lucha y con ejércitos capacitados, han logrado con enormes sacrificios detener pero no erradicar este cáncer.
La presencia de barcos de guerra de los EE.UU. es una garantía de que se va a interceptar gran parte del tráfico, disminuyendo la influencia que los carteles tienen en Costa Rica.
Los diputados, en vez de dificultar la ayuda que se nos brinda, deberían apoyar y ayudar para erradicar este flagelo que sí representa una amenaza para nuestro sistema de justicia, de paz interna y de vida decente.
Debemos aceptar que una parte importante de los asesinatos y del crimen violento y organizado, como los sicariatos, son debidos a la penetración del narcotráfico en Costa Rica. Actúan con impunidad y sin ninguna objeción moral, en un país que se ha caracterizado por su paz desarmada y civil, que enfrenta ahora una guerra de la cual no nos hemos dado cuenta y para la cual no estamos preparados. Nuestras autoridades hacen mucho con lo poco que tienen y el mejor apoyo que les podemos dar es precisamente lograr la cooperación de países que también se encuentran enfrentando este flagelo de la humanidad.

Rogelio Pardo Evans