Nuria Marín

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Lunes 7 Mayo, 2012


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¿Guerra o tregua?

La segunda y tercer legislatura están llamadas a ser las más productivas de todo gobierno. En el primer año, hay un acomodo natural que va desde los primeros meses de luna de miel y tiempo de aprendizaje del teje y maneje del día a día legislativo, hasta las iniciales mediciones de fuerzas entre los diversos partidos políticos.
Con suerte, el tamiz electoral juega hasta finales del tercer año situación improbable para el cuarto año, cuya única ventana de oportunidad, la constituye lo que se conoce como el inter reino, el periodo posterior a las elecciones nacionales que va del primer domingo de febrero hasta el 8 de mayo siguiente.
Si por la víspera se saca el día, al momento de escribir esta columna prevalece un ambiente de confrontación, provocado por el cambio de bando del PASE y su negociación con Liberación Nacional, que rompió con el acuerdo de tres años de la Alianza por Costa Rica.
En este contexto de recriminaciones y llamados traicioneros, vehementes y vocales promesas de que la Alianza más bien recrudecerá su oposición, el llamado a una tregua sin un cambio de parte del Ejecutivo caerá en suelos infértiles y los costarricenses perderemos valiosos meses llamados a fraguar una necesaria cosecha legislativa.
Acallar “los gritos de guerra” demandará una especial labor de parte de la bancada oficialista que deberá además de ser acompañada de una labor hormiga, de ambulancia y de hábil negociación con cada una de las fuerzas representadas en el Congreso. Tarea harto difícil cuando se trata de sanar viejas y nuevas heridas y estar el espíritu reinante plagado de desconfianza.
Debemos evitar que este difícil momento nacional pueda definirse entre optar por la guerra o la tregua. Esta manera de pensar, lejos de calmar las aguas, remueve las emociones de la confrontación y la existencia de diferentes bandos, de ganadores y perdedores, condenándonos una vez más a un inmovilismo que nos ha tenido de rodillas ya por muchos años.
Hoy quisiera recordar el verdadero espíritu democrático que heredamos de pensadores como Aristóteles, Rousseau, Locke y Montesquieu, debemos entender que los indispensables frenos y contrapesos que deben existir entre los diferentes poderes del gobierno no pueden en modo alguno interpretarse como el arte de la oposición por el hecho de serlo ni tampoco la unilateral vía de la imposición.
No se trata de buscar responsables, pues en esta destructiva dinámica en que hemos caído, todos somos responsables. Aún estamos a tiempo para cambiar de rumbo a favor de una dinámica propositiva y constructiva. La verdad sea dicha es que o cambiamos todos y nos vestimos bajo la bandera tricolor, o la Patria nos lo demandará.

Nuria Marín