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Conflicto tensa relaciones entre Moscú y Washington
Guerra en Georgia desata cambios para Rusia

Kremlin mantiene imagen de indiferencia ante titulares negativos


Moscú
EFE

La operación militar rusa en Georgia y el viraje de Moscú hacia el apoyo directo de la independencia de las separatistas Abjasia y Osetia del Sur han desatado cambios quizás irreversibles tanto en la antigua URSS como para el futuro de Rusia en el mundo.
En cuanto a imagen, basta con ver los titulares de la prensa mundial de estos últimos días.
El Kremlin mismo va de duro al que nada importa lo que piensen o digan de él.
“La operación militar rusa en Georgia terminó porque han sido conseguidos sus objetivos, y no porque los haya exigido el presidente (de Estados Unidos, George W.) Bush”, declaró ayer el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov.
El jefe de la diplomacia rusa tampoco suavizó el tono respecto al mandatario francés, Nicolas Sarkozy, que hizo de mediador y persuadió a Tiflis a aceptar las condiciones rusas.
“Cualquiera puede querer algo. Otra cosa es que los georgianos te bombardeen, que bombardeen los barrios residenciales”, dijo Lavrov, comentando las palabras de Sarkozy de que Europa está dispuesta a incorporarse a la misión de paz en el Cáucaso.
“Estamos preparados para cualquier desarrollo de los acontecimientos”, dijo un alto diplomático ruso, que habló en condiciones de anonimato, días antes del estallido de la guerra en Georgia.
Según él, después de las próximas elecciones estadounidenses las relaciones entre Moscú y Washington “pueden prácticamente reducirse a la nada”.
“Podemos llegar a un momento el que podremos dejar de debatir la esencia de los problemas que interesan a la parte estadounidense”, dijo el funcionario a la prensa rusa y extranjera.
También cambian los ánim
os en Occidente: Estados Unidos y sus aliados están estudiando diversas formas de presionar a Rusia por el conflicto en Georgia.
En cuanto a medidas concretas, Washington ya estudia con sus socios la posible exclusión de Rusia del G-8 y también se propone coordinar las futuras acciones con sus aliados de la OTAN y los países de la Unión Europea (UE).
La OTAN, cuyos ministros de Exteriores analizarán la próxima semana la crisis de Georgia, en un primer gesto, ya ha suspendido unas maniobras conjuntas con Rusia.
En la UE, con sus partidarios y contrarios de endurecer la política hacia Rusia, Moscú ha de esperar al menos que la negociación del nuevo acuerdo marco, hasta hace poco bloqueada por Polonia, vuelva a ser bloqueada por Varsovia o los países bálticos.
Y sin duda alguna, para Moscú también será más complicado retener a sus ex aliados, a los checos y polacos, del despliegue del escudo antimisil norteamericano en sus territorios.
En su entorno más cercano, entre las antiguas repúblicas soviéticas, las consecuencias de la guerra en Georgia se presentan no menos desastrosas y no precisamente por la decisión de Georgia de abandonar la Comunidad de Estados Independientes.
“Rusia no se quedará sola”, titulaba ayer un diario ruso, y poco después constataba, no obstante, que ninguno de los países
de esta comunidad pos-soviética -que, en particular, ha dado el mandato pacificador a las tropas rusas en Abjasia-, ha apoyado la intervención militar rusa en Georgia.
Azerbaiyán y Moldavia, que tienen sus propios conflictos separatistas en el Karabaj y en Cisdniéster, ya expresaron su apoyo a la integridad territorial de Georgia y obviamente no desean que las independencias de Abjasia y Osetia del Sur conviertan en norma el precedente de Kosovo.
Prácticamente todos los demás países tienen en sus territorios zonas habitadas por minorías étnicas (incluidos los más de 25 millones de rusos que la caída de la URSS dejó lejos de su país), que en ciertas circunstancias podrían degenerar en focos secesionistas.
Quizás por eso en 1991 las repúblicas que integraron la URSS se guiaron en su divorcio por el principio de la integridad territorial y no por el de la autodeterminación nacional.
La antigua Yugoslavia hizo lo contrario.
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