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Guanacaste celebra 184 años de desigualdad

Redacción La República [email protected] | Sábado 26 julio, 2008



Región Chorotega disputa con Valle Central el primer puesto de inequidad entre ricos y pobres
Guanacaste celebra 184 años de desigualdad

• Provincia cumplió 184 años de pertenecer al país con una historia llena de enormes brechas sociales que parecen “resistirse” a desaparecer
• Una cuarta parte de sus habitantes apenas cubre sus necesidades básicas y un 6,3% ni siquiera logra satisfacer los elementos indispensables para tener una vida más o menos digna

Pablo Mora
[email protected]

Si se piensa en Guanacaste, posiblemente viene a la mente la estampa típica del sabanero montado a caballo, que recorre los campos junto a su ganado, el agricultor que siembra su arroz, la cocinera que hace sus bizcochos con maíz o en el ardiente sol que calienta sus pintorescas ciudades y pueblos.
Muchos costarricenses, y cada vez más extranjeros, anhelan visitar sus playas y sus campos abiertos, los cuales atraen año con año más inversión foránea que ha hecho percibir al Pacífico Norte como una región paradisiaca para hacer turismo y llevar recuerdos difíciles de olvidar.
Guanacaste es tierra de bellos parajes, de marimbas y sones que llegaron a identificar el folclore nacional, pero también es una de las dos regiones donde más desigualdad.
El crecimiento de la infraestructura es indiscutible, lo cual ha generado más fuentes de empleo para sus habitantes. Pero las e
stadísticas también demuestran que la brecha entre ricos y pobres es una de las más altas en Costa Rica, y que este fenómeno social se ha presentado en las diferentes etapas de la vida chorotega.
Desde tiempos precolombinos, los primeros pobladores estaban a merced de las decisiones que tomaban los grupos de poder como caciques, chamanes, y la clase dominante en general.
De esta forma, la concentración de la riqueza y la proporción de los productos siempre se volcó a favor de esa elite y los subalternos simplemente se doblegaban ante la voluntad del sector gobernante, señaló Gina Rivera, historiadora de la Universidad de Costa Rica.
Con la llegada de la colonia, la brecha entre gobernantes y gobernados se mantuvo con el sistema latifundista, que separaba a los dueños de las grandes haciendas del simple peón que ganaba su sustento diario.
“El sistema de tenencia de la tierra durante la etapa colonial, basado en el latifundismo, es absolutamente desigual. Basta ver la misma definición de hacienda para comprender que es imposible creer que se haya dado una estructura de relaciones sociales entre latifundista y peonada”, justificó Rivera.
La anexión del Partido de Nicoya a Costa Rica no significó una gran mejora para aquella sociedad campesina y ganadera. No fue hasta finales del siglo XIX y principios del XX cuando los gobiernos decidieron impulsar la producción desde los sectores más bajos de aquella sociedad, aunque las medidas fueron aplastadas po
r la oligarquía guanacasteca.
“Los primeros intentos de distribución de tierra en Guanacaste se dieron a finales del siglo XIX, cuando los gobiernos liberales de la época decidieron dar pequeñas parcelas para que fueran trabajadas por los campesinos. Pero esta estrategia fue boicoteada por los latifundistas, quienes mediante incendios quemaron esos terrenos, principalmente las plantaciones de café en las zonas cercanas al volcán Rincón de la Vieja”, recordó Rivera.
Ya en el siglo pasado el Estado benefactor comenzó a ofrecer mejores oportunidades de crédito a los ganaderos a partir de los años 40. No obstante, estas opciones se quedaron rezagadas del aprovechamiento de la gran mayoría de los habitantes de la región Chorotega, constató la historiadora de la UCR.
No fue hasta la década de 1970 cuando las políticas del Instituto de Tierras y Colonización lograron impulsar un cierto desarrollo económico desde las bases sociales guanacastecas. No obstante, esta bonanza concluyó pronto con la crisis de principios de los 80 y la aplicación de políticas neoliberales que desprotegieron al campe
sinado.
En medio de lo que se puede considerar como un panorama desalentador, a finales del siglo XX surgió el turismo como la gran oportunidad de brindar un fuerte impulso económico a una provincia, aunque a juicio de los analistas esta inversión tampoco trascendió al beneficio comunal y más bien incrementó la desigualdad.
“Un hotel no es culpable de la situación que comentamos. Este llega cuando los políticos y sus decisiones se imponen sin importar las repercusiones sobre la sociedad civil. Un hotel no es un problema, los enclaves, sí”, explicó la historiadora.
La miseria en Guanacaste ha ido en descenso en los últimos años, pero sigue siendo la región con más pobreza del país y la que concentra el mayor porcentaje de pobreza extrema.
Una cuarta parte de sus habitantes apenas cubre sus necesidades básicas y un 6,3% ni siquiera logra satisfacer los elementos indispensables para tener una vida más o menos digna.
“La pregunta básica es si los guanacastecos tendrán espacio en la nueva imagen de Guanacaste, que están creando los consorcios, aliados a políticas gubernamentales. O al contrario, si lo que se busca es que desaparezca el término ‘guanacasteco’, por el de saloneros o mucamas”, dijo la experta.