Grandes Ligas empantanadas
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A dos semanas de que arranquen los campos de entrenamiento, cerca de dos centenares de jugadores, incluyendo los mejores agentes libres de este invierno, no saben dónde jugarán en 2018, si es que finalmente juegan en algún lugar.


Scott Boras, el agente más relevante de la industria, odiado por los propietarios de todos los equipos por los millonarios contratos que les consigue a sus estrellas, dijo públicamente que “en el béisbol urge eliminar el cáncer de la falta de competencia”.


Simultáneamente, la Asociación de Peloteros se quejó formalmente ante la Oficina del Comisionado, por el comportamiento de equipos como los Marlins y los Piratas, que han reducido sus nóminas salariales de manera alarmante y han desmantelado sus equipos a pesar de la fuerte inyección en dólares que recibieron.


Las ligas mayores vienen de una temporada en la que superaron sus ingresos brutos, más de $10 mil millones por primera vez en su historia.


Entonces, ¿cómo es que un negocio que pasa por el mejor momento económico de su historia, enfrenta la recesión de firmas relevantes más grave en su existencia?


Las Grandes Ligas tienen sus reglas para determinar quién puede optar por la agencia libre y cómo puede firmar nuevos contratos en un mercado de oferta y demanda.


Con tanto agente libre sin firmar, surge la interrogante de saber si los propietarios de equipos se pusieron de acuerdo para controlar los precios de los agentes libres e incluso “sacarse el clavo” con Boras, quien los ha exprimido en campañas anteriores.


Preocupado porque sus representados siguen sin trabajo, Boras se quejó y dijo que “no podemos dirigirnos a nuestra afición, vendiendo la promesa de perder para ganar después. Eso es destructivo para nuestro deporte, porque ha eliminado un tercio de la competitividad”.
Boras está molesto porque la inactividad de este invierno ha sido más cruel para él que para muchos otros agentes de jugadores. Boras representa a Martínez, Hosmer, Moustakas, Arrieta, Holland, Carlos González y Carlos Gómez, por mencionar solo algunos de los desempleados.


Y, en cuanto al tema de los Marlins y los Piratas el asunto se las trae y es bien complicado, porque son dos equipos de mercado pequeño que en este invierno se deshicieron de sus mejores jugadores, Miami vendió o hizo canje por Stanton, Ozuna, Gordon y Yelich, mientras los Bucaneros soltaron a McCutchen y Cole, algo que no tiene nada de nuevo ni de malo, excepto por un “pequeño” detalle.


Grandes Ligas tiene un sistema de repartición en el que los equipos que más dinero generan debe repartir parte de sus beneficios con los que tienen menos entradas, con el propósito de que estos equipos débiles usen esos fondos para reforzar sus nóminas y mejorar el desempeño en los partidos.


Ese dinero no es para cancelar deudas personales o corporativas, sino para invertirlo en jugadores.


Gracias a este beneficio y a los derechos televisivos, los Marlins recibieron $110 millones la temporada pasada, suma que será incrementada en 2018 en $50 millones.


¿Cómo entonces este par de equipos y otros, que entran a competir con una reserva de $160 millones, desmantelan sus nóminas, no firman ningún agente libre y no se refuerzan que es la idea original del beneficio?


¿Cómo se llama recibir $160 millones y armar una nómina de $90 o $100 millones?


Significa ni más ni menos que comenzar la temporada con más de $60 millones de ganancias, sin sumar el dinero que entra por televisión regional y venta de boletos.


Así las cosas, es fácil llegar a la penosa conclusión de que no competir es el mejor negocio actualmente en las Grandes Ligas. Se les paga mucho dinero a los clubes, por no competir y entonces tiene razón el siempre “incómodo” Scott Boras.

Estrellas sin trabajo


J.D. Martínez
Erick Hosmer
Mike Moustakas
Carlos González
Tom Frazier
José Bautista
Melky Cabrera
Yu Darvish
Jack Arrieta
Alex Cobb
Greg Holland
Jason Vargas


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