Grandes avances y grandes brechas
Mónica Araya, directora de Costa Rica Limpia. Richard Blaser/ La República
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El Día Internacional de la Mujer es motivo de celebración. Es inspirador observar los avances.

Por ejemplo, en el mundo de la energía, por primera vez una mujer, la CEO Isabel Kocher, lidera una de las empresas energéticas globales —y lidera su transición a fuentes renovables, originaria de Nueva Zelanda tiene menos de 40 años.

También se perciben esfuerzos de mujeres que marcaron un hito histórico como ha sido la campaña #MeToo que hizo visible la escala del acoso sexual en múltiples industrias.

Las historias alentadoras abundan en el país. Muchos hombres y mujeres aplauden la vehemencia de la diputada Marcela Guerrero en el Congreso y activistas urbanas como Andrea San Gil, en materia de movilidad urbana sostenible.

Sin duda, las mujeres tenemos una influencia que nunca tuvo la generación de nuestras abuelas. Pero los avances no han logrado cambiar una realidad innegable: en el mundo actual, no importa el continente, son los hombres quienes toman las grandes decisiones.

Y es así en cada ámbito, tanto el político, empresarial y militar como el científico, religioso y artístico. Lo que sí ha cambiado es que hoy en el siglo XXI ya no vemos este desbalance como si fuera el orden natural de las cosas.

La tarea es corregir las debilidades de la arquitectura actual de decisiones. Para que sea sólida debe integrar la visión de la mitad de la población que no está representada. Pero no es un tema de representatividad solamente.

Se ha propuesto que para cerrar estas brechas son las mujeres quienes debemos tener mayor confianza en nosotras mismas. Sin duda, la autoestima importa, pero el énfasis en las barreras internas no debe ser a costa del debate de las barreras externas: ¿Qué hacer con las trabas estructurales que no permiten alcanzar la paridad? En cada país, los hombres ganan más que las mujeres por las mismas tareas, ¿es por no tener confianza en nosotras mismas?

Esto no explica por qué en el planeta la mayor parte de la población pobre —de forma sistemática— sean mujeres.

Para alcanzar la paridad de salario Oxfam estima que tendrían que pasar 217 años. Esta brecha no se cierra a punta de mujeres que se dicen “Yo puedo” ante el espejo. El muro de Berlín no se cayó solo. Hubo un esfuerzo colectivo y deliberado por derribarlo.

Hay luces en este debate. Durante el siglo pasado Antártida era conocida como “el continente de los hombres”. No llegaban las mujeres porque sus solicitudes para ir en expediciones eran rechazadas —justo por ser mujeres.

Por eso fue simbólico haber sido parte de la mayor expedición de mujeres a dicho continente. Justo para avanzar, hay que crear esfuerzos deliberados y este fue uno: la meta de apoyar a mil mujeres comprometidas con la ciencia —natural y social— y con la protección ambiental.

Es una iniciativa para fortalecer el liderazgo de mujeres y fuimos 76 mujeres en el primer grupo. Tuve el honor de ser la única representante de un país en desarrollo y este año partió el segundo con tres latinoamericanas, seis chinas y una africana a bordo. En 2019 irá Melania Guerra, una científica tica.

Requerimos innovaciones institucionales y al más alto nivel. Hay muchas mujeres que liderarán estos procesos; sin embargo, necesitamos hombres que se unan. Andrés Valenciano es pionero de este debate en el país. No dudo que habrá cada vez más hombres que verán en la nueva generación de mujeres fuertes un activo vital para Costa Rica.

Aprovechemos este 8 de marzo para reflexionar sobre qué debemos hacer para estimular una cultura en la que hombres y mujeres trabajemos mano a mano.

La Dra. Mónica Araya es directora de Costa Rica Limpia y se especializa en el rol de la ciudadanía en apoyar las tecnologías limpias. Es autora del Blog de La República “Esencialmente Eléctrica”. www.monicaaraya.org


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