Goldman pasa al siguiente capítulo en su historia centenaria
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Goldman pasa al siguiente capítulo en su historia centenaria


Nueva York -- El domingo 21 de septiembre de 2008, justo antes de las 15:00, Lloyd Blankfein reunió a los principales ejecutivos de Goldman Sachs Group Inc. en su oficina del piso 30 y desencadenó una serie de sucesos que cambiaron para siempre la empresa que dirige.
Había sido una semana como ninguna otra en Wall Street: Lehman Brothers Holdings Inc., el cuarto banco de inversión más grande de Estados Unidos, había quebrado. Los mercados crediticios, que Goldman utilizaba para financiar su negocio, estaban congelados. Y el secretario del Tesoro estadounidense, Henry Paulson, predecesor de Blankfein como responsable ejecutivo de Goldman, rogaba al Congreso asignar $700 mil millones para salvar el sistema financiero. La acción de Goldman se había desplomado un 26% en un día.

En la breve reunión ese cálido domingo, según una persona familiarizada con los sucesos, Blankfein dijo a sus ejecutivos que la empresa se convertiría en una sociedad bancaria, con lo que dejaría de ser la joya de los bancos mundiales de inversión.
Así comenzó el siguiente capítulo en la historia de Goldman Sachs, una empresa fundada en 1869 por un ex vendedor ambulante que había soportado muchas crisis. Sobrevivió a lo que podría haber sido la amenaza más seria en septiembre, solo para encontrarse en un nuevo terreno en el que Goldman tendrá que demostrar que viejas virtudes --una vasta red de ex empleados, una feroz cultura de sociedad, altos niveles de retribución y agudeza de negociación-- siguen siendo valiosas.
La planificación de contingencia para convertirse en un banco comercial había comenzado en marzo, después de que el colapso de Bear Stearns Cos. sacudió Wall Street. Ese
fue el momento en el que los inspectores de la Reserva Federal llegaron a la sede de Goldman, en 85 Broad St. para quedarse, señal de los tiempos por venir.
Solo aquel fin de semana en septiembre Blankfein, de 54 años, decidió romper el cristal y hacer sonar la alarma. Para competir con JPMorgan Chase & Co. y Bank of America Corp., los dos bancos comerciales más grandes del país, Goldman necesitaría la estabilidad de una amplia base de depósitos, concluyó. Ya no era suficiente ser el banco de inversión más grande y rentable, no en un momento en que el modelo de banca de inversión de dependencia de los mercados de capital para obtener fondos había fracasado.
Fue el primer paso en el rescate de Goldman de lo que habría sido un destino impensable hace un año, cuando la empresa ganó $11.600 millones y sus tres máximos ejecutivos, Blankfein y los codirectores generales Gary Cohn y Jon Winkelried, ganaron un total de $203 millones.
En los días siguientes el trío, guardianes de Goldman desde 2006, llamaron a Warren Buffett para obtener una inversión de $5 mil millones para apuntalar su balance y obtener el apoyo precioso del multimillonario. Y reunieron otros $5 mil millones vendiendo acciones al público a $123 cada una. El precio era un 43% más que los $85,88 al que las acciones cotizaron el 18 de septiembre, su nivel más bajo en cuatro años.
El 13 de octubre Paulson reunió a Blankfein y otros ocho jefes de banca en
Washington, donde les dijo que el Gobierno inyectaría $250 mil millones en el sistema bancario --incluso $10 mil millones para Goldman-- y que garantizaría deuda sénior no asegurada emitida en los tres años siguientes. A cambio, el Gobierno adquiriría participaciones en las empresas y controlaría la paga de los ejecutivos.
Goldman se ha adaptado en el pasado. Subió al pináculo de la rentabilidad y el poder en Wall Street creando una cultura con un talento especial para reaccionar a lo que se avecina. “El cambio es un principio de operación general”, dice John Rogers, de 52 años, el principal consejero de Blankfein, que ha manejado la oficina ejecutiva de la empresa bajo la dirección de tres responsables ejecutivos. “Tenemos personas que viven en los mercados, y nuestra cultura es de velocidad y agilidad”.
Los beneficios récord de Goldman del año pasado se vieron impulsados por la negociación de inversiones multimillonarias que apuntalaron los activos totales de la empresa con respecto al capital de los accionistas a una proporción de más de 25 a 1. La empresa p
arecía hacer todas las apuestas correctas: los operadores de valores hipotecarios apostaron en contra del mercado “subprime” o de alto riesgo de Estados Unidos, los banqueros consiguieron cientos de millones con participaciones privadas en empresas de energía y en China, y la intermediación preferente (“prime brokerage”, en inglés) se disparó un 25%, porque ex empleados de Goldman acudieron a su alma máter para hacer negocios. Por séptimo año consecutivo, la empresa fue número uno en asesoría sobre fusiones y adquisiciones.
Ahora la crisis crediticia de 2008 ha afectado los negocios y Goldman está reestructurándose. Blankfein planea reunir los depósitos de consumidores y empresas como una fuente más estable y barata de fondos. Reducirá el riesgo en negociación e inversión, que produjo el 68% de los ingresos en 2007. Y los socios tendrán que aprender a vivir con los inspectores de la Fed entre ellos.
“Goldman se está viendo obligada a asumir un modelo mucho más conservador”, dijo Christopher Whalen de Institutional Risk Analytics de Hawthorne, estado de California. Aunque el negocio será más estable, hasta los bancos comerciales mejor administrados tienden a obtener un retorno sobre capital de alrededor del 12%, dice, lo que significa que es improbable que Goldman haga ganar a los inversores tanto como el año pasado, cuando esta proporción fue de más del 32%.

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