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No podemos ya seguir escuchando sobre planes y proyectos. Necesitamos que la realidad nos dé la buena noticia

Gobierno Digital: promesa incumplida

En la estrategia de Gobierno Digital que se nos anunció en la Administración anterior, se establecían dos componentes fundamentales. Uno de ellos, denominado Agenda Costa Rica Digital, de largo plazo, y otro llamado “proyectos de corto plazo”, que incluía una cartera de más de 15 proyectos a desarrollar en 2007.
Como es claro para cualquiera que deba gestionar un trámite en oficina pública, el hacer colas en una y otra parte, donde le van anunciando, a veces a cuentagotas, cuántos y qué tipo de papeles debe presentar para demostrar cosas que pueden estar ya registradas en alguna otra entidad pública, confirma que no se ha cumplido la meta del anunciado Gobierno Digital.
Como lo señala una nota de este medio el lunes anterior, los empresarios urgen automatizar estos trámites y en realidad es toda la población la que se ve perjudicada por el rezago que llevamos en esta materia.
Inversionistas y emprendedores, nacionales y extranjeros, se desmotivan y a veces desisten ante lo que tendrán que enfrentar al dirigirse a oficinas públicas a realizar los engorrosos y lentísimos trámites para iniciar cualquier emprendimiento.
El Gobierno Digital requería, para su implementación, un abordaje desde múltiples aspectos que iban desde la moderna tecnología hasta la capacitación necesaria para que a lo interno de cada institución estuviera la plataforma adecuada para interactuar con los usuarios mediante la web. Requería también un personal con actualización permanente en la materia, capaz de realizar la operación. Y necesitaba, desde luego, a la hora en que se hizo el anuncio, la disponibilidad de un considerable presupuesto que permitiera llevar todo esto a cabo.
Como en muchos otros asuntos, no tenemos la posibilidad de alegrarnos dando una buena noticia, la realidad nos informa que a la fecha aún el sector productivo y los habitantes en general, se quejan de sufrir las mismas dificultades y los lentísimos trámites burocráticos que según se anunció en aquella oportunidad se acabarían.
Pérdidas de tiempo y económicas, movilizaciones a través de la caótica y saturada ciudad capital para realizar un trámite aquí y otro allá, desperdicio de energía y mayor contaminación, desmotivación, son parte de lo que se podría haber evitado si se hubiera cumplido el plan de tener un Gobierno Digital.
No perdemos la esperanza. Pero no podemos ya seguir escuchando sobre planes y proyectos. Necesitamos que la realidad nos dé la buena noticia.


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