Juan Manuel Villasuso

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Martes 20 Octubre, 2009


Dialéctica
Gobernar a los comunes

Gobernar a los comunes significa establecer reglas y normas para regular el uso, disfrute y conservación de bienes que son patrimonio colectivo de una comunidad, sea esta un grupo reducido de personas asentadas en un pequeño territorio o los millones de seres humanos que poblamos el planeta.
Una definición de bienes comunes (o comunitarios) remite a caracterizarlos como aquellos que se producen, se heredan o transmiten en una situación de comunidad. Son bienes que pertenecen y responden al interés del conjunto de los integrantes de un grupo y que redundan en beneficio o perjuicio de todos y cada uno de los miembros.
Entre los bienes considerados comunes están los elementos de la naturaleza, como el agua, el aire, la biodiversidad, la atmósfera y el espectro de ondas electromagnéticas, pero también la información genética de plantas, animales y humanos y el conocimiento acumulado durante siglos.
La socióloga alemana Silke Helfrich señala que “los comunes pueden ser sistemas naturales o sociales, palpables o intangibles, distintos entre sí, pero comunes al ser heredados colectivamente. Son nuestra herencia colectiva”.
El análisis de la administración de los bienes comunes en las diferentes sociedades ha sido objeto de reflexión por parte de los economistas neoinstitucionalistas que se preocupan por las “reglas de juego” que conforman la convivencia social y de los “costos de transacción” involucrados en la gestión económica de los bienes.
La profesora de la Universidad de Indiana Elinor Ostrom, ganadora este año del Premio Nobel de Economía y primera mujer en lograr el galardón, es una de las principales estudiosas de esta temática.
En 1990 Ostrom publicó el libro “Gobernando a los comunes: Evolución de las instituciones para la acción colectiva”, en el cual plantea que hay que llegar a soluciones alternativas a la privatización o el estatismo, pues esas no son las únicas vías para resolver los conflictos que surgen de la apropiación de los recursos de uso común. Como opción, manifiesta que es posible establecer contratos entre todos los interesados que los obliguen a cumplir con estrategias de cooperación formuladas por ellos mismos.
El trabajo de Ostrom hace hincapié en la forma como los seres humanos deben interactuar con el hábitat para que los recursos sean sostenibles en el largo plazo. Los bosques, los suelos, los pastos, los mares y los sistemas de riego, entre otros, presentan las características de los bienes comunes; y la autora destaca cómo se han creado mecanismos institucionales que han impedido la destrucción de muchos ecosistemas.
Sin embargo, la Nobel advierte que si bien hay éxitos notables, los seres humanos también son responsables de innumerables desastres ecológicos. En consecuencia, enfatiza el carácter polifacético de la interacción de las personas y los ecosistemas, argumenta en contra de privatizar los bienes comunes y se opone a tratar de resolver los problemas del ambiente de manera individual. También rechaza la intervención desmedida del Estado.
En síntesis, Ostrom afirma que el vínculo social que conlleva la gestión de los bienes comunes es incompatible con la lógica de la valorización capitalista y del intervencionismo estatal exacerbado. Ni la economía de mercado ni la acción pública deben ampliarse para incluir aquellos ámbitos donde los modos de utilización social de los recursos pueden desarrollarse por sí mismos. Si eso sucediera las propias estructuras sociales se verían perjudicadas.