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Domingo, 20 de octubre de 2019



COLUMNISTAS


Gobernar es priorizar eficientemente

Miguel Angel Rodríguez [email protected] | Lunes 10 junio, 2019


Urge reactivar la economía nacional.

Lo sabemos objetivamente. Vivimos un muy elevado nivel de desempleo, más alto que el que experimentamos con la gran crisis financiera de inicios de los ochenta, (con diferencias en la metodología para su cálculo). La producción viene desacelerándose desde fines de 2015 y así sigue. El crecimiento del crédito bancario al sector privado es muy lento. La informalidad viene creciendo.

También lo ratifican las encuestas de expectativas del Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la UCR y de la UCCAEP; y de opinión pública del CID, que muestran gran pesimismo de consumidores y los empresarios sobre el futuro de la economía nacional y sobre su propio bienestar.

Es pues hora de dar prioridad absoluta por parte del gobierno a este tema.

Y no basta con que algunos de sus personeros así lo declaren. Se requiere congruencia en las acciones.

Empresarios, políticos y analistas hemos venido señalando la necesidad de una fuerte reactivación económica, y el gobierno ha dado pasos en incremento de la inversión, reducción de tramitología, programas de capacitación, rebaja del costo de la electricidad para grandes consumidores, medidas para reducir las tasas de interés y la búsqueda y eliminación de algunos obstáculos en campos específicos de la producción. También el BCCR ha reducido en dos ocasiones la tasa básica de política monetaria y en estos días los encajes legales sobre depósitos bancarios en colones.

Los resultados de estas acciones no se ven aún. Y en todo caso serán limitados. ¿Volver a 3 o 3,5 de crecimiento del PIB? Eso tendrá un impacto modesto en mejorar el nivel de desempleo. Pero si esas acciones no tienen efecto, muy posiblemente, tendremos un desempleo aún mayor. Y no tendrán efecto esas acciones si no se quiebran las expectativas negativas de los agentes económicos.

Sabemos que la producción la efectúan muy mayoritariamente empresarios y trabajadores del sector privado. El gobierno generalmente lo que puede hacer directamente, y más con las limitaciones fiscales que vivimos, es poco: aumentar la inversión en infraestructura, y lo está haciendo. Claro que puede hacer más en aulas y en vivienda popular.

Lo más importante es incentivar la inversión y el consumo de los privados para que se generen empleos y aumente la producción, fomentando buenas expectativas, quitando trabas y mejorando los incentivos.

Los efectos no son ni fáciles ni inmediatos.

Para que las acciones que el gobierno y el BCCR están llevando a cabo empiecen a dar frutos, hay que quebrar las expectativas pesimista de los agentes económicos. Es preciso para ello acciones concertadas, focalizadas en el tema y con capacidad de ejercer impacto sobre la producción nacional.

La Presidencia es un púlpito privilegiado para influir en la opinión pública, pero su prédica para ser creíble debe ser apoyada por los hechos del gobierno y de su partido.

Falta un mayor empuje y una concentración del gobierno en pos de este objetivo. Para romper expectativas es necesario atreverse a plantear y lograr la aprobación de medidas que de verdad signifiquen un cambio en la dirección de la economía. Y eso no se ha dado.

Priorizar requiere dejar para otra ocasión temas conflictivos irrelevantes para estimular el crecimiento. Pero actores del partido de gobierno y el mismo Poder Ejecutivo se empeñan en traer a debate limitaciones a la libertad de religión, el aborto, la eutanasia, la violación del secreto de la confesión o en permitir a la población trans de los centros educativos el uso de baños sanitarios o vestidores que correspondan al género con el cual se autodefinen, que nos dividen profundamente y dificultan el acuerdo para acelerar el crecimiento.

Frente a la pobreza, la informalidad y el desempleo que afectan a cientos de miles de costarricenses, corresponde al Señor Presidente priorizar y concentrar los esfuerzos en reactivar la economía, con el mismo empuje y determinación con los que el año pasado promovió exitosamente la reforma fiscal.

Crecer más aceleradamente tomará más tiempo y requerirá cambios en la estructura productiva. Para ello se necesitará un conjunto de medidas drásticas como, por ejemplo, reactivar la incorporación a la Alianza del Pacífico para promover las exportaciones de nuestras industrias tradicionales y de la agricultura; abrir a la competencia monopolios públicos y privados y bajar los altos, muy altos, aranceles a alimentos esenciales para que los consumidores puedan aumentar su demanda de consumo; una ley de emergencia que faculte al ejecutivo por dos años a eliminar o reducir los requisitos legales para permisos de construcción o de operación de nuevas actividades y para inscribir agroquímicos , genéricos y medicinas; mejorar la trasmisión de habilidades de la educación pública en idiomas, matemáticas y ciencias; multiplicar programas de reentrenamiento de trabajadores, sobre todo desempleados, para prepararlos por medio del INA para poder emplearse en sectores dinámicos; restructurar financiera y administrativamente el ICE abriendo el monopolio de electricidad para bajar las tarifas; restructurar RECOPE para adaptarlo a ser un simple importador y distribuidor de sus productos sin los costos de una refinería cerrada; vender, con todos los controles y trasparencia del caso, el BCR y el INS y crear un fondo destinado a fortalecer el financiamiento de los seguros de enfermedad y de IVM de la CCSS.

Estos cambios si transformarían el aparato productivo y podríamos crecer más que el promedio de las décadas anteriores a la gran recesión, al 5 o 6%. Eso sí abatiría el desempleo y la pobreza.







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