Glaxo invierte en remedio contra “superbichos”
Investigadores de la Universidad de Cambridge descubrieron que un cuarto de los pollos vendidos en los supermercados británicos alberga E. Coli resistente a drogas. Bloomberg/La República
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En un laboratorio apretado en la zona rural de Pensilvania, rodeado de técnicos con los guardapolvos blancos obligatorios y campanas extractoras que liberan ocasionalmente un olor agrio, Neil Pearson sostiene un modelo de plástico de un compuesto químico parecido a una pieza de Lego delgada.

Pearson, de 54 años, químico y miembro sénior de GlaxoSmithKline, el gigante farmacéutico británico, explica cómo pasó más de una década jugueteando con compuestos químicos antes de diseñar una molécula que podría generar el primer antibiótico realmente nuevo de la industria en 30 años para combatir el ascenso de los “superbichos” que amenazan con matar 10 millones de personas más por año para 2050.
Reacciones adversas, entre ellas posibles problemas oculares y cardiacos descubiertos en animales, obligaron a Pearson a recomenzar varias veces; cada readaptación de la estructura atómica del compuesto exigió una nueva serie de pruebas para demostrar que era seguro y eficaz. Pearson, con anteojos claros de laboratorio, lo compara a un juego de serpientes y escaleras.


“No tengo muchas escaleras, pero tengo toneladas de serpientes”, dice él. “Soy testarudo. Es muy difícil. Uno tropieza con muchos obstáculos”.
La industria farmacéutica no crea un antibiótico totalmente original desde que Eli Lily descubrió la daptomicina en 1984, según Pew Charitable Trusts. En ese periodo, casi todos los grandes laboratorios cerraron sus unidades de investigación bacteriológica, lo que redujo el universo de especialistas.
No paran de llegar informes alarmantes sobre bacterias capaces de eludir el arsenal de antibióticos de confianza de la medicina moderna. Este mes, investigadores de la Universidad de Cambridge descubrieron que un cuarto de los pollos vendidos en los supermercados británicos alberga E. Coli resistente a drogas, que puede provocar insuficiencia renal y, en los casos graves, la muerte. También este mes, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) informaron un cuarto caso en el país de un superbicho que contiene el gen llamado mcr-1, que vuelve a las bacterias resistentes a la colistina, el antibiótico utilizado como último recurso.
“La medicina de alta tecnología enfrenta una amenaza muy importante”, que podría poner en peligro todo, desde las unidades de terapia intensiva hasta las cirugías más importantes, dice David Livermore, profesor de Microbiología Médica en la Universidad de Anglia Oriental, al norte de Londres. “Enfrentamos grandes problemas de resistencia con la gonorrea y la tuberculosis”.
A pesar del auge de los superbichos, la mayoría de los grandes laboratorios abandonó la investigación sobre antibióticos porque da muy poco rédito. Incluso si Glaxo logra llevar un nuevo medicamento al mercado, por definición no puede ser un éxito de ventas. El uso excesivo de antibióticos alentó la resistencia, lo que implica que los nuevos tratamientos se deben usar con moderación.
A los pacientes se les acaba el tiempo. La sepsis causada por bacterias resistentes a las drogas mata más de 56 mil recién nacidos en India y casi 26 mil en Pakistán por año, escribieron este mes los investigadores Ramanan Laxminarayan y Zulfiqar Bhutta en la revista académica Lancet Global Health.
“Todo es culpa nuestra”, dice Roy Anderson, profesor de Epidemiología de Enfermedades Infecciosas del Imperial College de Londres y miembro de la junta de Glaxo. “Estamos tan obsesionados con la seguridad que exigimos pruebas clínicas para investigar todo efecto colateral posible de cualquier intrusión química en nuestros cuerpos. Es entendible. Pero tiene su costo”.


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