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Mientras se consideran “muy grandes para caer” los megabancos aprovechan regulaciones para seguir creciendo.
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Gigantes obligan a pequeños a fusionarse

Los reguladores quieren seguridad. Los inversores quieren ganancias. Los empleados quieren bonificaciones.
Y en medio de todo esto están atrapados los equipos directivos de los bancos más grandes del mundo, que luchan para dar a los contribuyentes, los accionistas y los operadores la seguridad de que sus demandas están siendo escuchadas, informará Bloomberg Markets en su edición de abril.
Respondiendo a los planteos de los reguladores, los bancos redujeron su dependencia del dinero prestado. Para satisfacer a los inversores, achicaron costos y dejaron los negocios que no ofrecen un buen retorno sobre el capital. Los empleados que no perdieron su empleo o huyeron a los fondos de cobertura reciben un mayor porcentaje de su remuneración en adjudicaciones de acciones que están inmovilizadas por hasta cinco años.
Es mucho lo que está en juego. La forma en que los ejecutivos equilibren las fuerzas en competencia no solo definirá quiénes son los ganadores y quiénes los perdedores sino que también determinará la seguridad de las mayores firmas financieras, aquellas consideradas demasiado grandes para quebrar porque su caída causaría tales estragos que los gobiernos se verían obligados a rescatarlas.
Han pasado casi cinco años desde que los gobiernos de Europa, el Reino Unido y Estados Unidos utilizaron unos $600 mil millones en capital para apuntalar a los bancos durante la peor crisis financiera desde la Gran Depresión y los reguladores todavía están tratando de garantizar que eso no vuelva a ocurrir. Sin embargo, algunos bancos se han vuelto más grandes y más complejos aún.
“Pese a todos los debates que hubo, la estructura de los mercados financieros no cambió demasiado”, dijo en enero Zhu Min, subdirector gerente del Fondo Monetario Internacional, en un panel de discusión del Foro Económico Mundial de Davos, Suiza. “No estamos más seguros”.
Algunos sostienen que los bancos más grandes de la industria deberían ser obligados a dividirse. Sanford Weill y John Reed, que crearon Citigroup en Nueva York, dijeron que los conglomerados financieros serían más valiosos y seguros si se desmembraran. También fueron de esa opinión el ex máximo responsable ejecutivo de Merrill Lynch, David Komansky y el ex CEO de Morgan Stanley, Philip Purcell.
Las compañías de servicios financieros y los bancos, que sufrieron pérdidas y amortizaciones parciales por valor de $2 billones durante la crisis crediticia, fueron considerados el sector industrial menos confiable por tercer año consecutivo en una encuesta anual dada a conocer en enero por la firma de relaciones públicas Edelman. Casi el 60% de los consultados para un sondeo de Bloomberg realizado en enero dijo que no confiaba o “tenía solo cierta confianza” en que los mayores bancos del mundo asumían riesgos prudentes y cumplían la ley.
Jamie Dimon, de JPMorgan Chase, que es crítico respecto de regulaciones que considera innecesarias o excesivas, hace poco destacó sus beneficios. Este mes les dijo a los analistas de Citicorp que las nuevas normas de Basilea III ayudarán a los bancos como JPMorgan, el más grande de Estados Unidos, a conquistar cuota de mercado a expensas de los competidores más pequeños, escribieron los analistas en un informe.
A juicio de Dimon, señalaron, los cambios “harán más costoso y más difícil para los actores más pequeños ingresar al mercado, con lo que en la práctica ensancharán el ‘foso’ de JPM”.
Al final, las nuevas normas podrían ser más útiles para proteger a los bancos de la competencia que para hacerlos más seguros.


Christine Harper/Bloomberg News

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