Claudio Alpízar

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Jueves 17 Marzo, 2016

 Los aires políticos de las nuevas generaciones han cambiado de dirección, mas nuestros políticos — obcecados con el viejo librillo, el único que dominan— hoy asemejan al salmón nadando contra corriente

Generaciones que crecieron odiando al PLN y PUSC

Es común hablar de dos Costa Ricas, una antes de 1980 y otra posterior. La primera con grandes logros sociales y la segunda con éxitos en lo económico, sobre todo en lo referente a exportaciones, inserción a mercados internacionales y macroeconomía. El problema fue que ambas épocas no cruzaron sus éxitos; los logros económicos no vinieron a complementar una mayor calidad del desarrollo social, al contrario la desigualdad aumentó y la pobreza en números absolutos también.
Quienes nacen en tiempos de la crisis de los 80 tienen hoy entre 34 y 38 años, padecieron más dificultades que generaciones anteriores en el logro de sus metas particulares. Sus padres realizaron mayores sacrificios que los abuelos para salir adelante. Por experiencia propia y con la influencia de sus padres, estos jóvenes crecieron políticamente odiando al PLN y al PUSC, además, fueron testigos presenciales de la caída del bipartidismo por ineficiencia y corrupción.


Ahora bien, resulta que el padrón para las elecciones municipales recién pasadas tuvo un electorado compuesto por un 50% de gente entre 18 y 39 años, nacida y desarrollada bajo la influencia mencionada en las líneas anteriores, apolíticas en su mayoría. Para 2018 se incorporará a ese padrón electoral otro poco de gentes que cumplirán 18 años antes de las elecciones. Estamos ante una “depuración” generacional continua y sin retorno.
Entonces hagamos un breve análisis de la oferta partidaria que se avecina para las elecciones 2018. El Frente Amplio en 2013-2014 captó mucha atención de estos jóvenes apáticos y desconfiados, más por un discurso contra los políticos que por una propuesta pragmática de oportunidades, algunos jóvenes ni se detuvieron a detallar su planteamiento ideológico. Situación similar sucedió en épocas pasadas con el Movimiento Libertario, que habló mucho de oportunidades y empleos, para terminar siendo presa de los intereses económicos fácticos y no de los ciudadanos; hoy recoge los malos resultados de esa decisión y se desvanece. Conclusión, el tema con los jóvenes no es ideológico.
El PAC con su actual gestión ni cumple con la enarbolada bandera de la ética, ni concreta éxitos nuevos que ilusionen; tiene grandes dificultades para reinventarse y una “factura” de gobierno que saldrá a su nombre. Un partido que se nutrió en mucho de ese electorado joven, que hoy le ve con desilusión. Conclusión, no es un tema de cambiar partido, es cambio de personas.
El PLN y el PUSC son los que más dificultades tienen para acercarse a las nuevas generaciones. En ocasiones se ponen políticamente muy “retro”, tratando de sacar sus éxitos pasados y disimulando los cuestionamientos éticos que aún les persiguen. El PUSC hizo cambios que le dan algún aire de frescura. Al PLN se le complica más, pareciera que solo un grupo rebelde —desde afuera de la estructura— podría asumir el rol de cambio que un partido envejecido requiere.
Los aires políticos de las nuevas generaciones han cambiado de dirección, mas nuestros políticos —obcecados con el viejo librillo, el único que dominan— hoy asemejan al salmón nadando contra corriente, olvidando así la recomendación del ilustre poeta español Antonio Machado, que a principios del siglo pasado nos decía que “en política sólo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela”.

Claudio Alpízar Otoya, Politólogo