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ANALISIS/OPINION
Es importante parar lo malo, y también aprovechar lo bueno
¿Ganamos o perdemos?, el caso Crucitas

Una mina bien manejada nos daría unos $800 millones

Quizás algunos piensen que es un triunfo para el ambiente, y para Costa Rica, la decisión judicial de ayer, de suspender la concesión de la mina de oro de Crucitas, por el hecho de que la empresa involucrada no cumplió con varias normas.
La gran pregunta para nosotros como comunidad, es si es posible o no hacer bien las cosas incluida una mina decente, que podría traer un gran beneficio.
Con un proyecto bien diseñado, inteligentemente gestionado, podemos en los próximos diez años ganar unos $800 millones, por nuestra participación en las ganancias de la mina de oro Crucitas, con riesgo controlado para el medio ambiente.
Con este dinero, podríamos construir carreteras y hospitales, comprar libros y computadoras para los estudiantes.
También podríamos hacer las inversiones para limpiar Costa Rica, que ha hecho poco por reducir la contaminación en el aire que respiramos, el agua que tomamos, o la tierra que nos sustenta.
Empecemos con el valor de la mina, y la cantidad de dinero que podríamos conseguir, si el proyecto se llevara a cabo.
Industrias Infinito, empresa propietaria de la concesión, cree que hay cerca de 1,2 millones de onzas de oro en el suelo.
A $1.750 la onza el precio internacional actual el valor total de Crucitas es de unos $2,1 mil millones.
Extraer de la roca una onza de oro puro cuesta alrededor de $500.
Eso deja un valor neto de la mina de $1,6 mil millones, de los cuales esperaríamos conseguir no menos de la mitad.
En virtud del acuerdo original con Infinito, Costa Rica iba a gravar el 30% de la utilidad de la mina.
Pero los mineros sean en Costa Rica o cualquier parte del mundo están ansiosos por sacar el oro de la tierra.
Desde 2007, el precio del metal se ha triplicado.
Con tanto dinero en juego, cualquier acuerdo razonable sería atractivo para una empresa minera.
En estas circunstancias, deberíamos poder negociar un trato bajo el cual obtenemos el 50% de la utilidad del proyecto.
En cuanto a la gestión ambiental, el acuerdo con los mineros incluiría un sobresaliente mecanismo de supervisión.
Costa Rica y la empresa en conjunto nombrarían un panel de ingenieros ambientales y químicos, que establezcan las reglas, que la empresa debe seguir.
Si el panel, en cualquiera de sus visitas regulares, decide que la mina no cumple con las normas acordadas, Costa Rica suspendería la operación.
Los expertos son caros.
Sin embargo, con unos $1,6 mil millones más disponibles, Costa Rica y la empresa podrían contratar a los mejores supervisores del mundo, mientras el costo apenas afecta las utilidades.
Por su parte, la mina ayudaría a la comunidad local, en la construcción de carreteras, escuelas y conexiones telecom.
El proyecto crearía cientos de empleos para los costarricenses, entre ellos mecánicos, ingenieros y técnicos de informática.
Lo más importante es que la mina dejaría cientos de millones de dólares, que podrían ser invertidos en mejorar carreteras, escuelas y hospitales.
Además, podríamos destinar parte del dinero a la limpieza del país, el cual enfrenta problemas más serios que Crucitas.
Cualquier río costarricense, que pase a través de una zona habitada, es una cloaca a cielo abierto.
Muchas de nuestras calles y carreteras son basureros.
Nadie controla efectivamente la cantidad de químicos, que los agricultores dispersan sobre los alimentos que comemos.
Costa Rica pudo haberse comprometido a la neutralidad de carbono para 2021.
Sin embargo, en la generación eléctrica, el ICE está quemando más combustible que nunca el 8% del total este año, comparado con tan solo el 1% en 2007 el cual tiene un fuerte impacto ambiental.
Mientras tanto, el desarrollo de varias fuentes limpias de energía (agua, sol y geotermia) avanza a paso de tortuga.
Con el dinero de Crucitas, podríamos contratar a personas, para recoger la basura de nuestras calles y playas, y garantizar que las fincas, así como las instalaciones industriales sean verdes.
Otro paso importante consistiría en pasar del petróleo al gas natural.
Si además de las plantas eléctricas, también los vehículos utilizarían esta fuente de combustión limpia, reduciríamos drásticamente las emisiones de carbono.
Si Costa Rica no tuviera depósitos de gas, tendríamos que construir una terminal de importación, así como un sistema de distribución, a un costo de cientos de millones de dólares.
Los ingresos de Crucitas ayudarían a pagar por la conversión.
Es correcto decir que no, a los proyectos supuestamente malos.
Tenemos también que saber manejar los buenos, y utilizar los beneficios que producen, de modo que el país realmente sea un ejemplo para el resto del mundo.

Fred Blaser
Co Presidente RMG
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