Leopoldo Barrionuevo

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Sábado 19 Febrero, 2011


ELOGIOS
Fuimos

Horacio en sus “Oda” nos obsequió con uno de esos axiomas que se quedan prendidos en la memoria y se repiten hasta que uno empieza a cuestionarlos por el solo hecho de vivir: “Carpe diem”, vive intensamente el día de hoy, es decir, no confíes en el mañana porque solo puedes disfrutar del momento.
Es relativo, porque hay gente que espera del futuro que se cristalicen sus sueños y se encierra en los logros a obtener algún día, lo que un economista como Keynes tradujo en “A largo plazo, todos muertos”.
Y ni que decir cuando estás pasando por una mala racha, vivir intensamente el día de hoy no te sirve de mucho porque estás desesperado para que la malaria se ahuyente a toda máquina.
En lo único que la gente se pone de acuerdo es en denostar el pasado, en dejarlo de lado, en omitirlo, a la vez que en no repetirlo si lograras aprender, lo cual en mi criterio, es erróneo y suicida, porque disfrutarlo es seleccionar lo mejor que te pasó y recordarlo con nostalgia, a la vez que te olvidas de los grises que pudieron rodearlo, al fin y al cabo la memoria es selectiva, la felicidad breve y la ausencia es más larga que esperanza de pobre. Pero el recuerdo es tuyo, invariablemente te pertenece y te acompaña y bueno o malo, te recuerda quién sos.
En cuanto a la vida, siempre me la recuerda el tango “Rosicler”: “La vida es este río que me arrastra en su corriente, blando y yacente, lívida imagen. De vuelta ya de todos los nostálgicos paisajes, muerta la fe, marchita la ilusión...
Me queda en este río de las sombras sin riberas, una postrera, dulce palabra: pálida esperanza entre el murmullo.” (Francisco García Jiménez, 1946).
A veces me pregunto qué fuimos y con nostalgia recuerdo el amor por la patria, la bandera, los bailes guanacastecos, los funcionarios honestos, el himno, la anexión, la carencia de ejército y me duelen los corruptos, los dignatarios que traicionaron a quienes creyeron en ellos y a puro deshonor se muestran como perseguidos, sin ahorrar la vergüenza de su familia, la de los ciudadanos que descreen de la política y de muchos de los padres de la patria.
Cada uno de nosotros somos un proyecto de vida, pero a la vez, una continuidad como escribía Ortega y Gasset al señalar que invariablemente la historia es la realidad del hombre que no puede negarse porque no tenemos otra, porque el pasado no se ha tomado el trabajo de pasar para que lo neguemos, sino para que lo integremos: nadie puede quitarnos esa libertad y ese destino, pero con ello entretejemos la tela de que está hecha la vida, incluso nuestra vida personal.
Lo que fuimos es siempre lo que integra nuestra herencia, lo que recibimos y debemos perfeccionar, lo que somos es la vida que se hace camino al andar y lo que seremos, apenas una esperanza, pero nuestra, al fin, algo que no repetiremos pero que nos permite sentirnos nosotros mismos y únicos, una experiencia misteriosa que nadie puede arrebatarte.
Por todo ello te ruego que vivas intensamente el día de hoy, pero no reniegues del ayer que te proyectó, cuando eras apenas un proyecto, porque lo que fuimos es en buena medida lo que seremos y hay que conocerlo para ser consecuente con nuestra heredad.
Un enorme poeta popular argentino Homero Manzi fue a la vez un político que amaba a las masas, un periodista excepcional que vivió poco y construyó una gran obra de cine, teatro y poesía con tangos como Sur, Malena, Viejo ciego, Ninguna, Después, Barrio de tango, Fuimos…
En “Fuimos” (1945), da corolario a nuestra columna de hoy: “Fuimos abrazados a la angustia de un presagio por la noche de un camino sin salidas.
Pálidos despojos de un naufragio sacudidos por las olas del amor y de la vida.
Fuimos empujados por un viento desolado, sombras de una sombra que tornaba del pasado. Fuimos la esperanza que no llega, que no alcanza,
que no puede vislumbrarla tarde mansa.
Fuimos el viajero que no implora, que no reza, que no llora, que se echó a morir...”

Leopoldo Barrionuevo
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Académico correspondiente de la Academia Nacional del Tango de la República Argentina