Macarena Barahona

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Sábado 27 Octubre, 2012


Cantera
Fin de Ruta Xajobea Fisterra


El tiempo viaja a paso diferente con personas diferentes. Te diré con quién el Tiempo camina al paso, con quién el Tiempo corre, con quién el Tiempo galopa y con quién permanece quieto!” William Shakespeare

Uno se separa de las circunstancias vitales, de los días y los trabajos, y lo superficial, lo accesorio e inútil de nuestras preocupaciones, desaparece.
En estos días mi desnudez llega a lo esencial: una mujer que camina junto a su hijo por tierras que miles han recorrido. Una pasa el pie sobre la huella de otros y no hay soledad posible: el pasado, la pertenencia, se desdibuja, me queda la fresca lluvia sobre el rostro, la mirada brillante de mi hijo y la luz pálida del sol entre las nubes de la hermosa Galicia.
Una mujer que camina libre de pensamientos y pasados. Estar en un presente de olor a tierra: andando, liberando mi sueño y mi deseo para respirar al lado de caseríos medievales y piedras que susurran en las ermitas y cementerios antiguos.
Todos los caminos nos llevan de la mano, cada día el tiempo se detiene y el paso, como un péndulo que no se detiene, es solo movimiento, un continum de voluntad física y espiritual.
El tiempo parece no suceder a lo externo, los nombres de los días quedaron en la última ciudad y cada día llegamos a un sitio, al único sitio posible: el albergue señalado para el descanso, no hay opción y entonces no hay pensamiento, solo el discurrir del paso Lalin, Piñor, Bendoiro, Ponte Taboada, Silleda, Bandeira, Loimil, Oca, Dornelas, Castro O Seixo, Puente Ulla, Outeiro, Pico Sacro, Ardaris, Deseiro, A Susana, Piñeiro Santiago.
Del tiempo de los sueños que galopan en la noche y de Santiago, que volvió a estas tierras despojado de la vida por el rey Herodes, pero volvió para ser el sueño, el deseo de los peregrinos que buscan sus anhelos a la vera de su recuerdo. Volvió a la tierra celta, a la patria gallega, a ser un faro un vigía desde la huella en Fisterra, iluminando el horizonte de un infinito mar de la muerte.
Cada día andado, cada día recordado, hasta el final de la larga colina —hecha ciudad— donde se levanta la bella catedral de Santiago.
Y llegamos peldaño a peldaño ascendiendo por el Pórtico de la Gloria, a su imaginario y realidad, a respirar los múltiples lenguajes de peregrinos de este, nuestro culto jacobeo, por el camino de estrellas, al silencio y al ritual del botafumeiro.
No necesitamos guías ni códices, caminamos solos, el camino fue abriéndose lento y seguro, un fin que nunca es un fin… Continuamos exhaustos pero más que felices hacia el Mar, nuestra verdadera conexión: el mar del Norte.
A subir al Faro de Fisterra y avistar desde los altos acantilados del extremo occidental de A coruña, y bajo la estela de la Vía Láctea, a nuestra América.

Macarena Barahona