Fiasco de dimensiones épicas
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Fiasco de dimensiones épicas

• Nicole Kidman y Hugh Jackman protagonizan un revoltijo narrativo sin sentido unitario

“Australia”
(Australia)
Dirección: Baz Luhrmann. Reparto: Hugh Jackman, Nicole Kidman, Bryan Brown, Brandon Walters. Duración: 2.45. Origen: Australia-Estados Unidos. 2008. Calificación: 4.

Los productores de “Australia” invirtieron un presupuesto millonario en un proyecto colosal, que sirviera como espectáculo masivo y también como monumento cinematográfico a la identidad cultural de una nación: algo parecido a lo que concretó para Estados Unidos “Lo que el viento se llevó” (1939).
Nicole Kidman y Hugh Jackman protagonizan un romance apasionado, con la Segunda Guerra Mundial como telón de fondo. En manos del excéntrico director Baz Luhrmann, el material pierde su potencial, al fragmentarse en una multiplicidad de géneros y estilos que chocan entre sí. El resultado es un revoltijo narrativo sin sentido unitario, donde ningún ingrediente es indispensable.
En dos horas y media, se narran las experiencias de Sarah Ashley, una aristócrata inglesa quien viaja a Australia para reunirse con su esposo. Lo encuentra difunto, supuestamente asesinado por un nativo. Para no perder su rancho, a punto de ser adquirido por un rival, la mujer contrata los servicios de un capataz, quien la ayuda a llevar su ganado a través de territorios inhóspitos.
El sentimiento de amor incondicional, que surge entre la bella dama y el rudo vaquero, es tan predecible y artificial como cada detalle de la puesta en escena. Absolutamente todas las imágenes que aparecen en pantalla, desde los exóticos atardeceres hasta las figuras bovinas, parecen generadas o retocadas por medio de computadora. Ello afecta principalmente las secuencias más impactantes, como la furiosa estampida o el bombardeo de la ciudad de Darwin, pues la falta de realismo impide alcanzar la emotividad deseada.

Luhrmann frena las extravagancias visuales que marcaron sus entregas anteriores, “Romeo y Julieta” (1996) y “Moulin Rouge” (2001), pero se demuestra incapaz de amalgamar los muchos datos que integran la narración.
El cuento comienza con un tono sarcástico, que recuerda las parodias de Mel Brooks; luego, pretende transformarse en un drama grandilocuente a lo David Lean, pero esa ligereza inicial le impide asumir un tono serio después. El argumento oscila entre ámbitos diversos, alternando comedia, aventura, western, melodrama romántico y cine bélico, sin sobresalir en ninguno de ellos.
Lo peor de todo es quizá la hipócrita superficialidad con que se abarca el tema del maltrato a los aborígenes y la segregación de los mestizos, reiterando viejos estereotipos racistas para simular una supuesta actitud liberal.
Ante personajes acartonados, las actuaciones lucen desmotivadas, lo cual contribuye en hacer de “Australia” un fiasco de dimensiones épicas: no hace gracia ni conmueve, y tiende a aburrir en lugar de emocionar.

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