Fernández evita acuerdo tras campaña por consenso
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Fernández evita acuerdo tras campaña por consenso


Buenos Aires -- Cristina Fernández de Kirchner, presidenta de Argentina, sucedió a su esposo en diciembre con promesas de construir consenso.
Desde entonces, ha acusado a opositores de tramar golpes de Estado, ha atacado a la prensa “mentirosa”, denunciado a productores agropecuarios “codiciosos” por hacer una huelga para protestar contra un aumento de impuestos y se ha rehusado a reformar un índice de inflación desprestigiado. En la gestión de Cristina, como los argentinos llaman a su primera presidenta elegida, no hay lugar para acuerdos de compromiso.

El resultado ha sido la turbulencia política y el índice de aprobación de 20% de Fernández, frente a 56% en enero, según una encuesta del 19 de junio de la firma encuestadora Poliarquía Consultores, de Buenos Aires.
“Este Gobierno no se permitirá que lo vean dando un paso atrás”, dijo Rosendo Fraga, director de la compañía de sondeos Nueva Mayoría, de Buenos Aires.
El estilo de gobierno de la presidenta está haciendo dudar que la segunda economía de Sudamérica pueda escapar a su historia de ciclos de bonanza y colapso. La confianza del inversionista y del consumidor se está desmoronando según se prolonga la disputa de tres meses con los agricultores, lo cual ha trastornado las mayores exportaciones del país y causado escasez de alimentos.
Fernández, de 55 años, desencadenó la crisis usando su poder ejecutivo para elevar los impuestos agropecuarios en $1.500 millones al año y negándose a reconsiderar la decisión. Ahora le ha pedido al Congreso, controlado por su coalición, que decida si ratifica el gravamen, lo cual se debate esta semana.

“La presidenta no está cumpliendo con las expectativas de quienes votaron por ella, no solo porque no ha resuelto los problemas que estaban pendientes, sino porque los ha empeorado”, dijo el analista político Felipe Noguera.
El vicepresidente, Julio Cobos, de 53 años, defendió a Fernández en una entrevista del 28 de mayo.
“Las noticias que mejor se venden son las noticias de conflictos”, dijo Cobos, quien le atribuyó a Fernández el fortalecimiento de los lazos con las naciones sudamericanas, la construcción de más viviendas para los pobres y el comienzo de nuevos proyectos de energía.
Su combatividad salió a la luz en respuesta a la primera crisis que enfrentó, dos días después de asumir el cargo. Fiscales federales de Estados Unidos dijeron el 12 de diciembre que casi $800 mil incautados a un viajero en un aeropuerto de Buenos Aires eran un intento de donación secreta de Venezuela a su campaña.
El caso exacerbó las tensiones con Estados Unidos, que confiaba en tener con Fernández relaciones más amistosas que las que tuvo con su esposo, Néstor Kirchner. Fernández calificó el señalamiento como “basura”. Tres hombres luego confirmaron la acusación en admisiones de culpabilidad en un tribunal federal de Miami.
Una inflación acelerada que Fernández heredó de Kirchner, de 58 años, socavó su situación desde el comienzo. Cuando era pr
esidente, Kirchner contuvo los aumentos de precios presionando a las compañías y prohibiendo ciertas exportaciones de alimentos. Según se aceleró la inflación, puso nuevas personas a cargo del índice de precios al consumidor.
Empleados del instituto de estadísticas y economistas, como el ex ministro de economía Roberto Lavagna, dicen que el Gobierno informa números inferiores a los datos reales. El Gobierno dice que la inflación anual se aceleró a 9,1% en mayo. El sindicato del ente de estadísticas y economistas independientes calculan que el número correcto es de alrededor de 30%.
Durante el Gobierno de Fernández, la inflación creciente y las protestas agropecuarias desataron un frenesí de compra de dólares. Las reservas del Banco Central cayeron de $50.500 millones el 28 de marzo a $47.700 millones el 23 de junio según el banco vendió dólares para impedir que el peso se debilitara.
“La crisis financiera
global no ha tocado a Argentina, pero hemos conseguido meternos en una crisis interna”, dijo Martín Krause, economista de la Universidad de Buenos Aires.
A diferencia de Kirchner, cuyos índices de popularidad fueron ayudados por una recuperación de cinco años de la peor crisis económica de Argentina, la reputación de Fernández ha sido menoscabada por ataques en los medios a su gusto por ropa de diseñador y viajes de fin de semana a la Patagonia.
El 9 de febrero, la revista semanal Noticias la llamó “Presidenta part time” o de tiempo parcial después de hacer un seguimiento de sus arribos en helicóptero a la Casa de Gobierno. La publicación dijo que Fernández trabajó 34 de sus primeros 60 días en el cargo.
El partido peronista de Fernández ha atacado a la prensa, cubriendo las paredes de Buenos Aires con carteles atacando a Clarín, el diario de mayor venta de Argentina. Los afiches decían, “Clarín miente” y “Clarín quiere inflación”. La Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) dijo que la campaña buscaba intimidar a la prensa.
El estilo de los Kirchner tiene raigambre en la crisis argentina del 2001, cuando el país entró en cesación de p
agos de bonos por $95 mil millones y tuvo cinco presidentes en dos semanas, dijo Daniel Kerner, analista político del Eurasia Group en Nueva York.
“Después del 2001, hubo un debilitamiento significativo de las instituciones de Argentina”, dijo Kerner. “Kirchner necesitaba reconstruir la presidencia y, para hacerlo, creía que tenía que ganar cada batalla. Ese estilo continúa” y, “ahora que están debilitados, estarán incluso más reacios a hacer cualquier ajuste”.
Según el crecimiento económico se disparó más de 8,5% y el desempleo cayó a 7,5% en el 2007, un mínimo de 15 años, la entonces senadora Fernández encabezó los intentos por conseguir el respaldo del Congreso para las prioridades de su esposo.
En la práctica, ello significó ignorar la inflación y rechazar negociaciones con los tenedores de alrededor de $20 mil millones en bonos de deuda impaga, dijo Claudio Loser, un ex director del Fondo Monetario Internacional.
La disputa impide que el Gobierno tome prestado dinero en los mercados de bonos internacionales, haciendo que sea más dependiente de precios de materias primas para sostener los aumentos del gasto de 39% al año.
Desde que Fernández asumió la presidencia, el costo de asegurar la deuda del país mediante permutas o swaps de impago de crédito aumentó a 6,37 puntos porcentuales, o $637 mil para proteger $10 millones en deuda, de 4,25 puntos porcentuales.
“Su Gobierno no se ha adaptado a las circunstancias económicas cambiantes”, dijo Loser. “No puedo pensar en ninguna acción política que ella haya hecho bien”.

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