Nuria Marín

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Lunes 19 Diciembre, 2011


Creciendo [email protected]
¡Felices fiestas!

Increíble cómo se nos fue este año 2011, pero qué alegría que ya llegaron los típicos fríos de diciembre, los que se llenan de brillo, luces, color y maravillosos aromas y sabores.
Qué maravilloso es disfrutar de los positivos cambios en el ánimo individual y colectivo en las personas, la especial jovialidad y energía, y sobre todo el amor que se respira por doquier. Definitivamente esta época saca a relucir lo mejor de las personas.
Las Navidades son por mucho mi época preferida del año. Me transporta a mis años de niñez en el que con gran ilusión y debo de reconocerlo con una gran impaciencia, los eternos días se hacían más cortos por las múltiples actividades y tradiciones que teníamos en la familia y por la tan ansiada espera del 24 y 25, días que para mí eran y siguen siendo mágicos.
Y qué cantidad tan increíble de tradiciones teníamos, lo más lindo era compartirla con abuelos, primos, tíos y desde luego con mis padres y hermanos, a la que se agregaban una gran cantidad de amigos y personas muy queridas.
Recuerdo también con gran cariño las primeras navidades que Antonio y yo pasamos juntos y lo maravilloso de ir creando como novel familia nuestras propias tradiciones, las que hemos mantenido por tantos años con nuestras hijas Andrea y Adriana a las que luego se uniría nuestro yerno holandés Jaron.
Y qué melancolía al ver cómo la vida pasa en un abrir de ojos y aquellas niñas que son tus hijas y vivieron sus días de diciembre también a la expectativa y llenas de ansiedad, son las mismas que hoy regresan del exterior por encontrarse estudiando su maestría o una joven madre trabajadora que se apresta, entre grandes carreras por la combinación de roles y obligaciones, a disfrutar las fiestas con su esposo y pequeña hija.
Y es esta última, Isabella, nuestra pequeña gran protagonista en estas fiestas. Contar de nuevo con la ilusión y angelical inocencia de niños en la casa es una verdadera bendición. Este año además, como ya está más grandecita y comprende mejor las cosas, nos regala días intensos y llenos de emociones gracias a sus ocurrencias, travesuras y maravillosas risotadas.
Una vez más, y como una regresión a la niñez, me encuentro impaciente y en cuenta regresiva esperando a que pase rápidamente cada día pues desde ya estoy saboreando el reencuentro de toda la familia que es a final de cuentas el regalo más preciado con el que todos y cada uno de nosotros podemos contar.
Aprovecho para desearles mis queridos lectores, que disfruten plenamente estas fiestas, acompañados de sus familias y seres queridos, y que el próximo 2012 sea pleno en prosperidad y bendiciones para todos. ¡Felices fiestas!

Nuria Marín Raventós